A Rajatabla

Apremio

Paco Cienfuegos logró apurado triunfo en un municipio orgullo del pasado priista.

Las encuestas lo señalaban como seguro triunfador con amplia ventaja. La labor del actual alcalde con su estilo campechano y silvestre, más la suma de su trabajo propio como diputado local por el distrito XIII avalaba a Cienfuegos como el  ideal para retener la plaza.

De repente los números sufrieron cambios; el efecto de los terrenos de Mina cambió la percepción de los ciudadanos.

Entre verdades, rumores y la guerra sucia, Cienfuegos vio reducida la ventaja que le auguraba el triunfo seguro. Al grado que el día de la elección, los vaivenes de la votación eran mortificantes y cuando le reportaron que había ganado con escaso margen, su rostro mostraba preocupación real. Levantó los brazos, pero no con euforia.

Guadalupe es un municipio altamente politizado, ha probado la alternancia y parece que le gustó y aprendió a vender caro su amor.

Si César Garza hizo milagros con lo que le dejaron en las arcas, Cienfuegos, con mejores condiciones económicas, está obligado a realizar una labor encomiable, corriendo el riesgo de sembrar en sí mismo la vergüenza de no alcanzar la reelección.

Recordando que en el peor de los casos debe abonar para dejar la plaza en manos de uno de su partido si quiere chapulinear.