A Rajatabla

Alternancia añorada

Quien vive en Monterrey metropolitano, por definición se siente y está mal servido por su alcalde.

Las evidencias las tiene a la vista apenas se asoma a la puerta de su casa: calles bombardeadas por baches, luminarias apagadas, particulares recogiendo la basura a costo altísimo y quizá hasta cortando el pasto de la plaza.

Si va a Palacio encontrará que sobran empleados, que quien lo atiende es el mismo que va al barrio a promover a su partido.

Cada municipio metropolitano tiene sus plagas muy propias, pero detrás del desastre generalizado hay una misma causa: la falta de alternancia.

San Pedro fue un municipio ejemplar mientras se sucedieron administraciones priistas y panistas.

Pero en el 89 volvió el PAN al poder y ya no lo soltó. Paulatinamente la administración se corrompió, se lucró con el crecimiento urbano desbocado, licitaciones amañadas. Por tres años pagó piso a un grupo del crimen organizado.

Algo parecido está sucediendo en San Nicolás, no sólo bajo un mismo partido, sino bajo una misma familia, los Salgado. El municipio está en bancarrota. Su alcalde ni se entera que una licitación de cientos de millones de pesos se adjudicó a un delincuente.

En Escobedo gobierna perennemente Abel Guerra. En Guadalupe, el PRI y la CTM gobiernan y mal administran; en Apodaca, el grupo del mismo nombre se eterniza.

La solución de la alternancia no depende de los partidos sino de los electores.