A Rajatabla

Alcaldes placeros

La Calzada del Valle con su hermoso camellón arbolado sirve a los sampetrinos como paseo, pista de trote y, sobre todo, como tarjeta de presentación para el partido en el poder municipal.

Jardinada de un lado al otro, con cabeceras con miles de flores y verbena dominical, la calzada proclama a los cuatro vientos que así trabaja una administración panista.

Ese éxito urbano lo han tratado de emular los municipios de San Nicolás y Monterrey, pero sus calles estrechas anulan el propósito. Mejor se dedican a rehabilitar plazas.

Es como tratar de llenar un barril con agujeros. Los vecinos agradecen su parque el día que lo entrega el alcalde, pero jamás se acomiden a regar sus árboles, a reponer las bancas vandalizadas. Lo que garantiza que cada tres años se puede repetir la proeza con otra ceremonia y fanfarrias.

La administración actual ya le está dando hasta una tercera pasada a plazas que adornó don Jesús Hinojosa o Madero.

Las cuentan como obra pública, pero en realidad son labores de mantenimiento. No como para pedir prestados 60 millones para sufragar el gasto repetitivo.

Y el Estado hace más o menos lo mismo sembrando flores en el Paseo Santa Lucía y en la Macroplaza.

A cambio de ese gasto, el municipal, se han olvidado de los pavimentos, el alumbrado y la limpieza de las calles.

Quizá habría que parafrasear la sonada sentencia de no regales la plaza a los vecinos, enséñalos a barrerla y sembrarla.

jvillega@rocketmail.com