A Rajatabla

Alcaldes habladores


Suena a esquizofrenia la abismal diferencia entre la ciudad metropolitana bien servida, segura y cómoda que describen los alcaldes en sus informes, y la realidad de congestionamientos, humos, malos pavimentos y asaltos que sufren a diario sus habitantes.

Hablan de su preocupación y afanes por la seguridad de la ciudad, y se atribuyen el paulatino retorno de la tranquilidad, logrado por las acciones de Gobierno del Estado y de las fuerzas armadas.

No admiten que todas las policías municipales apenas convalecen de las purgas anticorrupción, que no han eliminado del todo a los infiltrados del narco, que se atienen a que la tarea se las hagan la Fuerza Civil, los militares y los marinos.

Ocupados en el autobombo y en las lamentaciones por la falta de recursos, no admiten que se gastan verdaderas fortunas anuales en sueldos, corrupción y propaganda. En nueve aparatos administrativos para una misma ciudad.

Los hay que presumen como aportaciones a la educación, el reparto promocional de mochilas y útiles en las colonias donde hay que cultivar más votos.

Aun en su pobreza y ante problemas comunes, debieran coordinarse para emprender juntos las soluciones integrales que demanda la ciudad entera para la movilidad, destruir el tránsito, eliminar los peores polígonos de pobreza.

Ver a los Ayuntamientos como la expresión de la voluntad de los vecinos, no como plataforma.