A Rajatabla

Alcaldes camioneros

Los gobiernos municipales reprueban por su pobre desempeño de funciones que en mala hora les atribuyeron o reclamaron.

Encomendarles a los municipios el desarrollo urbano abrió la puerta al desastre de ciudades mal trazadas, víctimas de la especulación inmobiliaria, estranguladas por cinturones de miserables microcasas.

Fuente de corrupción de presidentes municipales, regidores y funcionarios resultó ser el control de los permisos para centros de vicio y el horario de cierre. Hasta los diputados locales se volvieron cabilderos del sindicato negro.

Y sigue siendo vigorosa tradición municipal la corrupción de las corporaciones de Policía y Tránsito, que abrieron de par en par la puerta al crimen.

En ese marco de incompetencia parece vacilada o de plano ignorancia de los alcaldes de San Nicolás, Monterrey y Santa Catarina que pretenden entrometerse en el control del transporte urbano. Y hasta impugnar jurídicamente sus tarifas.

Ignoran que en los años sesenta el gobernador Eduardo Elizondo quitó el control del servicio a los municipios, ante el caos de políticas erradas, concesiones ventajosas y tarifas anárquicas.

Todos los alcaldes pueden influir en la calidad del transporte, eso sí: con pavimentos planchados, calles despejadas, tránsito eficiente y honesto. Lo demás es demagogia.