A Rajatabla

Alcaldes en bicicleta

Viendo la menguada concurrencia de políticos en bicicleta el domingo en San Pedro, recordamos la anécdota del predicador que llamó a su congregación generación de hipócritas, faltos de fe, por qué vienen a elevar plegarias para que llueva y ninguno trae paraguas.

Los alcaldes y diputados, que promueven el uso de la bicicleta como medio alterno de comunicación, llegaron todos al punto de partida a bordo de sus automóviles y camionetas. Ninguno se trasladó en dos ruedas desde su casa.

Todo se redujo a un gesto simbólico. A uno más de los artificios para granjear votos futuros de los ciudadanos.

De las alternativas posibles para reducir el uso del automóvil, la bicicleta es quizá el medio menos adecuado para Monterrey.

Su clima extremoso, tanto en invierno como en el verano, resulta hostil para los ciclistas. Por eso tampoco hay restaurantes al aire libre.

La cultura ensoberbecida del automovilista regiomontano hace peligrosa, hasta mortal, la convivencia con las precarias bicicletas.

En una ciudad donde se privilegia el automóvil, todo queda lejos por definición: la escuela, el empleo, los mercados.

Más positivo quizá fuera que los alcaldes y diputados pusieran ejemplo y aliento popular en el uso de la Ecovía o el Metro. Pero como ninguno es logro de su partido, pues no se les antoja.