A Rajatabla

Aclamaciones y encuestas

Aun los peores tiranos de la historia podían alimentar su ego con sólo salir al balcón de palacio o desfilar entre las aclamaciones del populacho.

Así subía y bajaba del poder Santa Anna, entre las manifestaciones apoteósicas de apoyo popular.

Un día lo exaltaban y al otro lo mandaban al exilio.

Esas aclamaciones hacían las veces de las encuestas en nuestros tiempos democráticos. Ambas reflejan los sentimientos más que las opiniones de los menos preparados y acríticos ciudadanos.

Por eso los dictadores suponían que todo estaba bien. Hasta que los tumbaba una revolución.

Es el mismo error de nuestros gobernantes cuando se atienen a las encuestas que mandan pagar.

En los últimos años, las encuestas, sobre todo las electorales, han fallado estrepitosamente. El ciudadano elector ha puesto en evidencia al ciudadano encuestado.

Claro que no debemos renunciar a esa estrategia de medición de la opinión. Sólo debemos tomar sus resultados con una pizca de sal.

Evaluar a nuestros gobernantes con más objetividad, con más información. Evitar la aclamación populachera pero también el linchamiento frívolo en redes sociales.

Dentro de dos años puntuales estará rindiendo su protesta un nuevo gobernador de Nuevo León.

Ojalá y llegue por sus propuestas, por su prestigio, no sólo montado sobre encuestas y discurso populachero.