A Rajatabla

ABC del Buen Ladrón

Decía un político veterano que él era honrado y si le insistían que era honrado, honrado, lo que se dice honrado, decía claro que lo soy, pero bueno, tampoco me exijas tanto.

Ese mismo político decía que había tres reglas básicas que no podías infringir si estabas en algún cargo y querías robar.

La primera es que hay que guardar las formas, no vale llevarse la tesorería a la casa, nombrar comandante de la policía al cuñado, comprar los uniformes en su propia fábrica.

La segunda regla es moderar la ambición. Está bien robar por una generación para que los hijos vivan bien, pero no meterle la mano a miles de millones de pesos.

Y la tercera regla vale para los que están en medio del poder: cuidado con el pecado de la soberbia.

Es el que dice “no les voy a dar cuentas ni me importa lo que digan porque yo soy el dueño del poder”.

Porque el poder se acaba y la impunidad también, esos son los consejos que hay que darle a quien llegue a ser gobernador o alcalde, puesto que son reglas mínimas para sobrevivir a su propia reputación.

Sobre todo ahora que las noches tienen mil ojos y en todas manos hay un celular que lo graba todo.