Cosas Nuestras

Para siempre

Nuestros jóvenes padecen un mal que puede ser inofensivo pero incómodo a la larga.

Organizan su vida alrededor de la creencia en la eterna juventud.

Sus casas las construyen con peldaños por todas partes.

En plena fuerza compran una casita de campo del otro lado de la montaña para ejercitarse e ir en fin de semana.

Viven con segundo y tercer piso con ventanas angostas de guillotina y tomacorrientes en el piso.

El primer auto que compran es uno deportivo bajito.

Una a una esas características le van a cobrar la factura apenas se acerquen a la vejez. Caderas quebradas, caídas estrepitosas, dificultades para desplazarse en silla de ruedas o que lo extraigan en una camilla.

jvillega@rocketmail.com