Cosas Nuestras

Para siempre

Porque éramos pobres, aunque no lo sabíamos, todo era reparable, todo era reciclable.

Se remendaban lo calcetines, las medias. Se volteaban los puños y el cuello de las camisas.

En toda colonia había un técnico empírico que reparaba planchas, radios, licuadoras. Los alimentos eran frescos, porque no había aún refrigeradores, sólo hieleras.

Pasaba la ropa de los padres a los hijos, entre hermanos bufandas y guantes resucitaban en cada generación.

Por pudor o frugalidad, se almacenaban los artefactos descompuestos, los muebles obsoletos.

Todos acababan en el cuarto de los triques, purgatorio rumbo al olvido. Era escaso el dinero pero no se quemaba en el altar del consumismo desbocado.