Cosas Nuestras

Vecinos

Un empresario regiomontano resolvió su secuestro de una semana pagando rescate.

Asustado por la experiencia se fue a vivir a Houston con todo y familia.

Ahí, uno de sus hijos pequeños le pidió permiso para ir a una fiesta.

Cuando pasó a recogerlo a casa de su compañerito por poco se infarta.

Quien le abrió la puerta era el mismo que lo había secuestrado en Monterrey.

No se inmutó el delincuente; aquí no opero; vivamos en paz.

La impunidad, ya se ve, tiene pasaporte en regla.

jvillega@rocketmail.com