Cosas Nuestras

Panteones

Hoy tampoco pienso ir a ningún cementerio, ni remoto ni cercano.

En ninguno de ellos está mi padre, mi madre, mi hermana, mi cuñado o mis tíos. En el panteón sólo están unos cuantos huesos, cabellos y ropa.

Alguna vez tuve que mudar los restos de un ser querido a otra tumba 20 años después de su muerte.

A la hora de abrir el ataúd los restos estaban en una bolsa tipo de guerra y de pronto me entró un pánico visceral.

No sé qué temí ver salir de esa bolsa hasta que el jardinero descorrió el zíper polvoriento.

Esa es la verdad de las cosas, en el panteón no hay nada qué celebrar como dicen. Quienes murieron están con nosotros, en la memoria, pero residen en la eternidad.

 

jvillega@rocketmail.com