Cosas Nuestras

Padres

El orgullo del buen padre era enseñar las claves de la vida a los hijos.

Cómo manejarse con los adultos, cómo manejar los cubiertos en la mesa. Los más liberales, hasta los iniciaban en los secretos de la vida sexual.

Otros, llevaban a sus hijos a que, viendo a sus padres, aprendieran a trabajar.

Llegaron después los días de trabajos agobiantes, de jornadas interminables.

La comunicación con los hijos se volvió sólo de mantenimiento. ¿Cómo estás?, ¿Cómo te fue en la escuela?, ¿Por qué traes los pelos parados?

Ahora, ni eso. Nos conformamos con enseñarles cómo echarse al piso cuando empiecen los disparos.

 

jvillega@rocketmail.com