Cosas Nuestras

Minucias

Con un alambre largo y dos botecitos, improvisaban un teléfono.

La conversación infantil se reducía a: “Te oigo bien. ¿Y tú me oyes?”.

La invención obedecía no a necesidad de comunicación sino al ocio de niños.

Aquel telefonito evolucionó a las portentosas redes sociales.

Ahora pueden comunicarse a remotas distancias, a tiempo real y hasta con imágenes.

Pero como aquellos niños, el asunto es si tienen algo qué comunicarse.

Muchos se extravían en las minucias de qué comieron o si les salió un granito.

jvillega@rocketmail.com