Cosas Nuestras

Invitados

A usted y a mí nos sobran motivos para celebrar alegremente la Nochebuena.

Estamos vivos, relativamente sanos, tenemos qué comer y qué vestir. En la mesa hay pavo y, bajo el árbol, regalos para todos.

En muchas mesas, sin embargo, hay sillas vacías, dice una amiga. La silla de los que murieron, de los que se alejaron, de los que viven en el extranjero.

Vacía la silla donde debe sentarse el prójimo pobre, el enfermo, el preso.

En ese lugar sentemos a un necesitado. O llevemos los manjares hasta su morada desolada.

Una Nochebuena para todos, incluidos los pobres, es nuestro compromiso.