Cosas Nuestras

Deslumbrados

Nos emociona ver a nuestros mejores jóvenes reclutados por empresas globales.

Es rutinario para ellos desayunar en Ciudad de México y cenar en Ámsterdam o Londres.

Reciben sueldos fabulosos y se desplazan con lujos.

Lo que no les advierten es que se contrata exclusivamente su trabajo, sin compromiso de lealtad con el empleado.

Lo cesarán sin misericordia y sin el colchón de plumas que provee nuestra ley laboral.

Más el doloroso proceso de descompresión que tiene que padecer al cesar de ser viajero frecuente por el mundo.

A esos empleos hay que llegar como llegan los futbolistas, sabiendo que todo lo pueden perder en el primer altibajo del equipo.

jvillega@rocketmail.com