Cosas Nuestras

Desafinados

Los migrantes a los Estados Unidos los vemos como si llegaran en una cápsula con toda su problemática familiar del país de origen.

La verdad es que se trata de un trasplante duro y rasposo.

En programas de televisión latina analizan los casos más agudos de trasplantes traumáticos a América.

Están los que se extravían en el mundo nuevo y acaban hundidos en los vicios y la miseria inducida por ellos mismos.

Están las jóvenes que vienen de un país de moral relajada como Cuba y chocan con el puritanismo y empirismo de una sociedad dura que exige trabajar y desquitar la papa.

Viéndolos se aprecian los tamaños de la tragedia que implica el exilio y volver a empezar a partir de cero.

Los problemas no son culpa de Estados Unidos, sino de nuestros países que no saben retener a su gente.


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