Cosas Nuestras

Calles

Decíamos vivo a diez cuadras del mercado, a veinte del templo.

Así calculábamos las distancias urbanas en la ciudad pequeña y cuadriculada.

En la ciudad actual, sobrepoblada y desordenada cambió nuestra unidad de medida para las distancias.

Ahora decimos: vivo a media hora del trabajo pero a cinco minutos de la escuela de los niños.

Tampoco conocemos ya la ciudad palmo a palmo, a golpe de calcetín.

Sólo la vemos por encimita, quejándonos de lo más visible: los muchos baches, el alumbrado apagado.

La ciudad acaba siendo botín de los políticos, no nuestro nido protector.

jvillega@rocketmail.com