Columna Especial

“Cambiar”, el súper poder que tenemos todos

Cuando conocimos a Juan, dormía en las calles del Centro de Guadalajara. Su cama era un pedazo de cartón y sus pertenencias las cargaba en una bolsa de plástico negra, como las que se usan para la basura. Su alimentación -si se le puede llamar así- se basaba en lo que encontraba en los botes y en lo que algunas veces la gente le regalaba. Vivía en las calles desde que tenía seis años y se escapó de casa debido a la violencia intrafamiliar. No sabía leer; por supuesto, no tuvo ningún tipo de educación. No imaginamos cuántas cosas terribles ha vivido, pero como mucha gente de la calle, ha sido víctima de innumerables abusos; entre más cosas, nos platicó que se lo han llevado a otros países, utilizado por gente con malas intenciones, y en cada ocasión fue deportado. Por supuesto, también se ha enfrentado a los vicios; el hambre y el frío tienen otro sentido cuando se vive así. Es difícil entender cómo ha sobrevivido. Más difícil imaginar la historia de cada persona que vemos en la calle, olvidada por el mundo entero.

A principios de este año hicimos una campaña, a la que llamamos “haz algo maravilloso”, que se trataba de encontrar personas a las que pudiéramos ayudar a cambiar su vida. Así como Juan, hubo más personas de la calle con quienes quisimos acercarnos, pero -supongo que a causa de los abusos- nadie más quiso aceptar. Juan aceptó porque tenía mucha hambre. El primer día lo llevamos a que pudiera asearse en un buen lugar, a que comiera bien y a que le cortaran el pelo y las uñas. Después, el staff lo llevó a comprarle algo de ropa y zapatos. Lo curioso fue cuando le dijeron de los zapatos, pidió unas botas que había visto en un aparador de una tienda del centro de la ciudad, dijo que soñaba con poderlas comprar algún día.

Le propusimos a Juan la oportunidad de apoyarlo un mes con su manutención para aprender a hacer el negocio Omnilife y aceptó. Ahí apareció Natalia Taméz, la empresaria Omnilife que voluntariamente quiso adoptar a Juan. Natalia es de las personas jóvenes que encontraron en Omnilife una forma de inspiración, puedo decir que desde que se inscribió no ha dejado de crecer y de compartir la oportunidad con verdaderas ganas. Se necesita mucha voluntad para hacer lo que ella hizo. Ahora, Juan le llama con cariño “La Generala”, porque se encargó desde enseñarlo a leer y a escribir, a usar los productos, después a hacer cuentas, luego a vender y a tener confianza para acercarse a las personas. Todo un reto. La primera semana, Juan se pagó su propio kit de ingreso; empezó buscando a sus clientes por las calles, vendiendo al menudeo y así fue como logró reunir la primera cantidad. Obviamente, el propósito era que aprendiera y lo logró. Al final del mes de abril se convirtió en mayorista. Ya ganó su primer bono. Ha bajado como diez kilos. Por primera vez en su vida -palabras de él- tiene una actividad económica estable. Ha inscrito a diez personas en su red de mercadeo y, hoy, paga su renta, sus propios gastos y sigue aprendiendo.

Con esto, la única cosa que queremos demostrar en Omnilife es que debemos humanizarnos un poco más y dejar los prejuicios y los miedos de lado. Todos podemos hacer algo maravilloso por nosotros mismos, en lugar de vivir quejándonos. Quien tiene ganas de aprender, de superarse y de eliminar cada pausa de su vida, lo puede lograr, sin necesitar nada más.

Pronto, me encantará platicarles cuando Juan logre su primer viaje, comprarse un coche o cuando sea él mismo quien esté sacando a más personas de la calle.