Leviatán

Qué nos une y qué nos divide

A los laguneros nos une la geografía en una región, pero nos divide la Constitución en los dos Estados que la conforman.
Nos unen dos ríos, el Nazas y el Aguanaval y dos presas El Palmito y Las Tórtolas, pero nos divide el consumo irracional del agua del subsuelo.
Nos une la parte conurbada de cuatro municipios, pero nos disgrega la marginación en la que viven el medio rural y  los municipios de Francisco I. Madero, San Pedro y Viesca, Coahuila, así como Tlahualilo, Mapimí, Nazas, San Pedro del Gallo, Indé, San Juan de Guadalupe y Simón Bolívar.
Nos unen los puentes construidos sobre el lecho seco del río, pero nos desune un crecimiento exponencial de Torreón frente al estancamiento de Gómez Palacio y Lerdo.
En gran parte del siglo XX existió un lagunerismo auténtico, sin fronteras y con profundos lazos de unidad.  El Club Lagunero ya desaparecido y otros espacios  de convivencia que sobreviven como el Casino de La Laguna, el Centro Campestre Lagunero, la Plaza de Toros, la nieve de Chepo, entre otros, son símbolos nostálgicos de una época.
Nos une la cultura y nuestra historia, pero nos divide el trato diferenciado de los propios laguneros a la memoria de nuestro pasado. Nos unen sitios históricos como el Puente de Hojuela, las Dunas de Bilbao, Las Grutas del Rosario, la Hacienda de La Loma, el Cerro de La Pila y el Cristo de las Noas, pero nos disgrega el contraste: nueve museos en Torreón y solo dos museos en Gómez y Lerdo.
Nos une el orgullo lagunero por el exitoso crecimiento nacional de los corporativos LaLa, Soriana y Peñoles, pero nos divide y subleva el abandono y la inseguridad, que colapsan inversiones y generan  desempleo y  emigración.
Nos une la indignación frente al caos de la violencia, pero nos divide la descoordinación institucional y su atención diferenciada en ambos lados del río. Desde hace más de un año, en Gómez Palacio y Lerdo fue desaparecida la Policía Municipal y se dispara la cifra negra de los delitos.
Nos une el sueño del Estado de La Laguna, aún con sus candados jurídicos y el silencio de los gobernadores de Coahuila y Durango, pero nos divide el protagonismo y la falta de humildad de los actores sociales reales, para lograr la integración de ideas, de propuestas y estrategias de futuro, que nacen de una sociedad civil que hoy no merece la frustración ni el desencanto.
Nuestros antecesores, unidos vencieron al desierto y nos legaron una hazaña emblemática. Las identidades se marchitan cuando no se honran.


@_TorresCastillo