Leviatán

El silencio de la clase política

La percepción es que en el tema del Estado de La Laguna, la gran ausente ha sido hasta hoy la clase política de la región. Se han expresado voces aisladas pero no pronunciamientos que fijen una posición clara en favor o en contra de esta demanda ciudadana.
Me refiero a los presidentes municipales, senadores, diputados federales y locales, regidores, síndicos, dirigentes partidarios, funcionarios públicos y todos aquéllos ciudadanos que son aspirantes a puestos de representación o del servicio público.
Se entiende pero no se justificaque el silencio es producto de los intereses personales o de grupo, de la lucha encarnizada por una candidatura en  elecciones locales o federales y por el temor a sufrir el cese laboral o el ostracismo.
Por la importancia de nuestra región, hace años el gobierno federal, paralelamente a las delegaciones en las capitales de Coahuila y Durango, construyó en Torreón el Palacio Federal, donde por muchos años operaron delegaciones de varias dependencias federales y en Lerdo despachó el  distrito de riego número 17 de la Secretaría de Recursos Hidráulicos. Estas delegaciones estratégicas para el desarrollo regional, fueron desapareciendo con la complacencia de los gobernadores y la subordinación y la falta de  oficio de la clase política local.
Este es solo un capítulo de esa historia de injusticias e inequidades, que ha venido sufriendo La Laguna por parte de los gobiernos estatales. Otro es el de los espacios que se les asignan a laguneros en los gabinetes estatales: En Coahuila con altibajos en el nivel y el número de designaciones, en Durango con el monopolio de la administración estatal, donde además ocupan subsecretarías y delegaciones laguneras gente de la capital del estado. Con el movimiento del nuevo Estado se inquietan los localismos de las capitales y se mueven los escenarios electorales. Si en la historia reciente fue viable una candidatura lagunera para la gubernatura de Coahuila, por éste y otros factores, hoy es más complicada. En Durango, con otros ingredientes, el tema es un tabú.
La lucha interna de los partidos los distanció de la sociedad. Sufrimos la pérdida de capacidad de respuesta y de poder de las instituciones. Existe una ruptura real entre las élites del poder y la sociedad lagunera. Una clase política callada, silenciada, agazapada, despistada, calculadora y reservada, que pareciera más estorbar, diferir y eludir en vez de definirse en tiempos de transparencia.
Esa es nuestra clase política, ese su silencio.


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