Leviatán

La piedra en el zapato

Desde que se inició el proceso legislativo que culminó en la reforma educativa nacional, la Ciudad de México y otros estados han sido el escenario de la protesta sistemática de la CNTE en contra de la denominada “evaluación punitiva” y la exigencia de invalidar aquélla reforma que busca remontar el último lugar que ocupa la educación mexicana en la lista de 34 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

La sección 22 del SNTE en manos de la disidencia magisterial ha sido el bastión principal de la resistencia, gracias al enorme poder que concentró desde que se le entregó el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxacaque monopolizó la designación de más de 300 mandos, además de cuatro mil plazas administrativas y el ejerciciodiscrecional de un presupuesto de cerca de 15 mil millones de pesos.

Se estima que la sección 22 tenía 2 mil 900 comisionados cuyos salarios sumaban más de 350 millones de pesos anuales, más los millones de las cuotas sindicales.

Con base en la consigna de que “movilizar es educar”, la camarilla magisterial manejó las plazas, los ascensos y las promociones con base en la participación en movilizaciones, en la toma de edificios públicos y casetas, en el bloqueo de carreteras, el secuestro de vehículos, los paros escolares y el abandono de las aulas.

Lejos de atender la formación académica de los niños oaxaqueños cuya educación estaba bajo su responsabilidad, se dedicaron a la protesta y  alsaqueo de los recursos de la institución que el propio gobierno les había confiado.

Eran al mismo tiempo sindicato y autoridad, un absurdo del México de nuestro tiempo.Al recuperar el control de la educación en Oaxaca y al congelarle las cuentas bancarias a la CNTE,el gobierno le arrebata el poder político, económico y administrativo que había acumulado y pone por delante los derechos humanos de los niños y de aquéllos maestros que fueron sometidos por una mafia abusiva y prepotente que ahora califica la medida como “una provocación”.

POSDATA.Es imperdonable el abandono del viejo edificio del Instituto “18 de marzo” que es el custodio de los murales únicos de Manuel Guillermo Lourdes, Francisco Montoya de la Cruz y de Horacio Rentería Rocha.

Su entrada principal que guarda uno de los patrimonios artísticos más preciados de Gómez Palacio y que representa una síntesis de 75 años históricos de “recuerdos tristes de pasadas glorias”, es hoy la imagen del olvido y la indolencia del gobierno pero también de la sociedad. 


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