Leviatán

Por el nuevo despertar de la comarca lagunera I

El pasado es memoria, es crónica, es historia. El futuro es ideal, es proyecto, es ilusión, pero también puede ser desencanto, frustración, desesperanza. Para algunas culturas, en los tiempos absolutos, no hay presente, solo pasado y futuro, porque el presente en este instante ya es pasado. Gómez Palacio es un municipio joven frente a los 450 años que  cumplió ya la ciudad de Durango. Nacimos legalmente el 21 de diciembre de 1905. Conmemoramos 108 años como municipio y una historia que vive hoy, después de la Revolución, una de las etapas más oscuras y violentas de todos los tiempos.
Al celebrar nuestra fundación, damos cumplimiento a una costumbre que ya es una tradición: nos reunimos en la ceremonia de entrega de la Presea Ancla y el Testimonio Santiago Lavín Cuadra, un acto ciudadano y del Republicano Ayuntamiento, que acredita a los hombres y mujeres, que honran la memoria y los valores cívicos más preciados de nuestro querido Gómez Palacio.
La sabiduría de nuestros mayores nos enseña que la vida puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante. Mirar nuestro pasado es recrear la memoria en aquéllas imágenes que definen nuestra identidad, como un municipio pujante y progresista. El trazo de su centro histórico, los edificios del glorioso Instituto “18 de marzo” y del Instituto Francés de La Laguna, la legendaria Casa Redonda ya desaparecida, el otrora Centro Campestre Lagunero, la Ciudad Industrial, su crecimiento espectacular y su retroceso, la Parroquia hoy Basílica de Guadalupe, la Plaza Principal,  el Parque Morelos, el Boulevard Alemán ahora remodelado y el Puente Plateado que une a Torreón, Gómez y Lerdo.
Recordemos a Santiago Lavín Cuadra, al donar los primeros lotes de una  ciudad imaginaria;  revivamos las históricas batallas del Cerro de La Pila, al Recinto de La Revolución, lugar donde se reunían los laguneros precursores del movimiento de 1910 ; las explosiones  de Dinamíta y Guayuleras, la vitalidad y el vigor de aquélla  juventud combativa que se significó en el deporte, la cultura y muy especialmente en la oratoria,  pero sobre todo valoremos la nobleza de ésta sociedad, que a pesar de todos los agravios, conserva la capacidad para resistir el impacto de una violencia sin precedentes. Por su vinculación sociológica, es reveladora la consulta pública  convocada por la Administración que preside José Miguel Campillo, durante el proceso de elaboración del Plan Municipal de Desarrollo. En sus respuestas, poco más de un millar de gomezpalatínos dijeron no tener arraigo ni sentir orgullo de su ciudad, aseguraron que no existe un factor de identidad y consideraron que la imagen que proyecta Gómez Palacio, ha sido determinante en la ausencia de inversiones.
Este ejercicio es  un termómetro del estado de ánimo de la ciudadanía, que nos debe conducir a una reflexión seria y responsable sobre nuestra realidad. Estamos convencidos de que este sentimiento ciudadano es legítimo y es genuino. Sus causas son contundentes: la inseguridad pública y la incapacidad del Estado para imponer la ley; la desigualdad social, el desempleo creciente y un acumulado de añejos pendientes gubernamentales con la región lagunera de Durango. Fue disuelta la Policía municipal y parte del cuerpo de vialidad, que a la fecha no han sido restablecidos; los servicios institucionales de salud están colapsados, el parque industrial que fue nuestro orgullo, hoy luce abandonado en su infraestructura: empresas que  emigran y ausencia de inversiones en más de una década.


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