Leviatán

No meter la mano al cajón

Dice la leyenda que un presidente municipal le preguntó a Don Adolfo Ruiz Cortines cómo ser un buen funcionario público. El Presidente le respondió:“Querer serlo. ¿Y sabes qué significa eso? Que no le puedes meter la mano al cajón, que no puedes incorporar a tu familia en la nómina, que tienes que integrar un buen equipo, que debes trabajar 14 horas diarias, que debes manejar los recursos con austeridad y asumir tus deberes en plenitud. Considera siempre que al finalizar tu mandato habrás de caminar en las calles de tu ciudad con el ánimo de ser conocido y respetado”.Al recordar ésta respuesta que retrata a uno de los presidentes más agudos y sabios de nuestra historia, reflexionamos sobre un mal que desmoraliza a los mexicanos: la corrupción que atraviesa a las instituciones y a la sociedad. Existe desde la invasión de los españoles hasta nuestros días y a pesar de que mucho se ha hecho para combatirla, su práctica se multiplica en todos los ámbitos de la vida nacional gracias a la impunidad y al uso arbitrario del poder.Durante todo el siglo XX, en la era del partido casi único, la corrupción política fue característica de las elites del PRI, sin embargo a partir de la alternancia en el poder la corrupción también se democratizó y lamentablemente hoy los partidos se unen en una especie de pacto de impunidad, cuando alguno de sus miembros es protagonista de corruptelas en el ejercicio de recursos públicos. Los escándalos de conocidos militantes partidistas están a la vista y permanecen en la memoria ciudadana.En éste momento de ruptura del tejido social y de una profunda desconfianza en los poderes públicos, es vigente la máxima de Tácito: “cuanto más corrupto es un Estado, más leyes tiene”, por eso causa escepticismo en la sociedad la propuesta panista de iniciar reformas a la Constitución para crear el Sistema Nacional Anticorrupción. La verdad es que no hay voluntad política para combatir desde su raíz  la impunidad y  la corrupción, males que devoran al país, lo debilitan al interior y lo hacen vulnerable frente al mundo.POSDATA. Con la desaparición de las policías municipales, la adjudicación de los permisos para circular sin placas y el despojo del impuesto predial a Gómez Palacio y Lerdo, las malas lenguas dicen que el día menos pensado el gobierno estatal se llevará a la ciudad de Durango la estatua del General Francisco Villa del Cerro de la Pila, los murales del Instituto “18 de Marzo” y el valioso patrimonio del Museo de Arte Moderno de la Casa  de la Cultura de Gómez Palacio, cargando también con el avión  de Francisco Sarabia, el emblemático reloj y el  bello quiosco de la plaza principal de Ciudad Lerdo. 


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