Leviatán

Un grande del México atemporal

La obra de José Emilio Pacheco trasciende los tiempos nacionales porque su memoria prodigiosa y su sensibilidad humana nos dejan un vacío doliente en la crónica de la vida del país. Se ha ido un grande del México de todos los tiempos. Poco antes de su partida había escrito su último Inventario que se  publicó en la edición número 1943 de Proceso, titulado La travesía de Juan Gelman con un mensaje: “A Gabriel Zaid en sus 80, con 50 años de afecto…”. En él, JEP se pregunta de inicio “¿Existirá una palabra para la nostalgia de lo que no fue y estuvo a punto de ser?”, para afirmar enseguida que en este continente gran parte de nuestras literaturas “se ha hecho fuera del suelo natal”.
José Emilio Pacheco muere a los 74 años en la plenitud de su creatividad. Hombre de letras, poeta, ensayista crítico, novelista, narrador y cronista cultural, galardonado por el Premio  Cervantes de Literatura, entre muchos otros.
Enrique Krauze retrata su personalidad al preguntarse qué buscaba José Emilio Pacheco en la historia: “la abolición del olvido. Una inabarcable nostalgia por el paraíso perdido era su estado natural”. Como un titán de la memoria, luchaba por poner en blanco y negro los trabajos y los días de nuestros ancestros. Al abrir un libro que le dedicó José Emilio con su pluma fuente, evoca su inconfundible letra métrica y marcial como un caligrama chino que “semeja los viejos tipos de imprenta. Una caligrafía para desafiar al tiempo”.
Conmovedora y estrujante es la carta de Cristina, su viuda: “Para suplir nuestras interminables conversaciones, siempre que te ibas de viaje nos llamábamos y nos escribíamos cartas… Parto de lo que vivimos apenas ésta mañana. Por tomarnos un último café, se nos hizo tarde para ir a la estación… Cuando el tren desapareció en la curva me eché tu bufanda sobre los hombros… me detuve en una librería… para llevarme el más grueso, el que me aloje y me acompañe durante el primer techo de tu ausencia… En cuanto abrí la puerta te grité el saludo de siempre… Subí a tu cuarto rápido… No estabas, pero encontré la ropa que dejaste tirada... Hice una pausa. Me levanté del escritorio porque reapareció frente a tu ventana el colibrí que tanto te gustaba. Si él regresó, es imposible que no regreses tú.”
Sin duda un grande de México. En Paz descanse.
Posdata: En el tema del Estado de La Laguna los gobernadores han decidido mantener su silencio más vivo que nunca, piensan que con esto sepultan un clamor genuino de los laguneros. Su silencio es real pero también la terca realidad sigue allí.


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