Leviatán

Cuando la corrupción se democratizó

Cuando la Revolución dejó de ser el referente histórico de los mexicanos y el ideal democrático se impuso como la principal demanda de la sociedad, cuando al pasar de la era del partido “casi único” a la conformación de un congreso plural y a la alternancia en municipios, Estados y en el Poder Ejecutivo del país, transitamos también de la corrupción monopartidista a la corrupción de todos los partidos.No es un fenómeno nuevo pero hoy su práctica lastima peligrosamente a las instituciones fundamentales de la República. El cohecho, el soborno y las comisiones por la asignación de obra pública y adquisiciones es el pan de cada día en todos los órdenes de gobierno. El llamado “diezmo” que era el 10% del valor de la licitación  o de la compra, se convirtió en el “moche” pero ahora de un 25 o 30% del monto del contrato o de la adquisición. El funcionario que participa exige su parte en dichas operaciones o se enriquece vía peculado, la malversación de fondos públicos o la  reasignación presupuestal para destinar el recurso a fines distintos a los autorizados, entre muchas formas de la corrupción galopante que nos asfixia.En las democracias modernas la corrupción se atempera porque con el pluralismo operan en automático los pesos y contrapesos entre los poderes. Sin embargo en México aun cuando vivimos ya la alternancia y el pluripartidismo, carecemos de una cultura de legalidad, de un estado de derecho fuerte y de instituciones sólidas de justicia, por eso indigna que los partidos políticos de oposición, cuando ya son gobierno, lejos de promover cambios radicales se aquerencien e incurran en viejas y nuevas formas de corrupción. El científico social Roger Bartra considera que “la reacción de la sociedad ante la crisis desencadenada por la matanza de Iguala, muestra que el cambio cultural ya ha llegado y que México está maduro para transitar a una nueva civilidad”. Pero guarda reservas sobre la clase política de que sea “capaz  de abrirse al cambio”.Sin grandes expectativas hoy se debate en el Congreso una reforma diferida muchas veces,sobre un modelo nacional contra la corrupción y la impunidad, pero mientras que desde el propio Presidente de la República, los políticos y la clase dirigente no reivindiquen los valores esenciales de la política, el futuro de México será  incierto. Urge que recuperen la audacia, la valentía, la creatividad, pero sobre todo la grandeza, la humildad para enfrentar los desafíos, para reconocer los errores cometidos y para asumir con responsabilidad los cambios que el país necesita, entendiendo que política es tiempo y oportunidad. 


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