Leviatán

La caída de Porfirio Díaz

Este 2 de julio se cumplirá el primer centenario del fallecimiento en el exilio de Porfirio Díaz, uno de los hombres más controvertidos de la historia de México. Aquél valiente chinaco que luchó contra los conservadores y que acaudilló al Ejército de Oriente durante la invasión francesa, se convirtió en el malo de la película después de ejercer una dictadura autoritaria de más de 34 años que fue derrotada por la Revolución.

Con equilibrio y ponderación se debe juzgar su legado tanto en lo material como en lo político. Enrique Krauze asegura que el Porfiriato se salva en parte “porque sacó al país del caos, el estado de guerra permanente y la bancarrota económica, para ponerlo en una ruta de orden, paz y progreso”. Completó la obra “de consolidación nacional que inició Benito Juárez”.

Lo malo de ambos fue la querencia a la silla presidencial que “en Juárez el pecado se olvidó, porque murió a tiempo, pero como dice el danzón, si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría…es decir, gobernaría”.

Destaca el historiador que ambos –Juárez y Díaz- se veían en la figura de un “padre inmenso” de los mexicanos que necesitaban una tutela permanente, creían teóricamente en la ley, cuidaban sus formas pero en la práctica “gobernaban sobre la ley y al margen de ella”.

El historiador estima que con su política patriarcal Díaz es “irredimible” porque además corrompió profundamente la conciencia política de los mexicanos. Sin embargo debe recordarse su famosa entrevista con James Creelman en 1908 cuando  reconoció que los avances materiales, económicos y sociales que había traído al país la pax porfiriana exigían un cambio de gobierno, una declaración que sería desmentida por su séptima reelección en 1910 cuando cumplía 80 años.

En su renuncia el oaxaqueño esperaba “que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional un juicio correcto que me permita morir llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas”.

Más allá de las pasiones que no permiten una valoración serena de la historia, debe reconocerse la contribución de Porfirio Díaz a la construcción en México de un Estado-nación. Es claro que el dictador, por sus limitaciones, su frecuente mano dura y su pérdida de sensibilidad política, no leyó a tiempo el tamañodel movimiento abanderado por Francisco Madero que desfondaría al sistema que él creó. 


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