Leviatán

Un alto en el camino

En los últimos meses y días hemos estado sumergidos en eventos de alto impacto que han trastocado nuestra normalidad cotidiana y nuestras perspectivas de país. Simultáneamente y en pleno proceso electoral las instituciones del Estado y la sociedad han sido puestas a prueba por la barbarie criminal, la corrupción política y la baja en los precios del petróleo.

Veníamos de un sexenio  en el que el Ejecutivo Federal sacó al ejército a las calles y le declaró la guerra al narcotráfico con base en la política de prohibición absoluta de las drogas.

La violencia se extendió  y en la actual administración  han sido descabezados los cárteles más poderosos del país, pero se han multiplicado las bandas del delito y las complicidades de autoridades, con evidencias trágicas en Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Jalisco y otras entidades.México es calificado como uno de los países más corruptos del mundo.

En su libro La corrupción política en el México contemporáneo, Stephen D. Morris considera que la corrupción de las élites es uno de los factores que más influyen en la desconfianza de los mexicanos. La irritación social se ha incrementado contra la clase política por sus incontables actos de corrupción y por la impunidad sistemática que la blinda.

Con la caída de los precios del petróleo, que nadie esperaba, nuestra economía entró en un proceso de inestabilidad que ha generado incertidumbre y preocupación en la sociedad.

Poco antes, tras una larga tradición de país petrolero independiente, México resuelve ir por una reforma que cambia su sistema de producción basado en el monopolio estatal de Pemex, que permitirá la participación de empresas privadas en el mercado de la energía nacional.

Lo más cómodo para el que escribe sería formarse en la legión de los que todo lo ven oscuro sin proponer alternativas de solución. Frente a los grandes problemas nacionales el gobierno ha intervenido con su propia visión, pero la ciudadanía reacciona con incredulidad y desconfianza.

En tiempos de enrarecimiento político y de ofuscación social como el que vivimos, es común el juego de la manipulación y de las verdades a medias.Estos no son tiempos normales.

Para recuperar la calidad moral y la legitimidad política México necesita hacer un alto en el camino y construir un acuerdo para la reconciliación nacional. La convocatoria será fundamental: deberá  ser amplia, autocrítica y desde lo más alto del poder. Lo que hoy está en juego es el futuro de la República.  


torrescastilloj@yahoo.com.mx