Leviatán

Víctimas de la narcopolítica

Desde la barbarie de Iguala que ha trascendido nuestras fronteras vivimos con una sensación constante de inestabilidad social y de pérdida de gobernabilidad. La protesta en las calles en solidaridad con los normalistas desaparecidos ha degenerado en acciones  violentas que transgreden el orden y mantiene paralizados a los tres órdenes de gobierno que no intervienen por el temor de ser acusados de “represores”.La democracia enfrenta el más serio de los desafíos. La clase política ha sido colocada en el banquillo de los acusados. El PRD y Morena son partidos cuestionados por sus vínculos con el ex gobernador Ángel Aguirre y con el ex alcalde de Iguala José Luis Abarca. Señalada por su negligencia, la PGR capturó a la mayoría de los actores materiales e intelectuales de ésta historia de horror y  reveló pormenores de la crueldad inhumana de los criminales.Los familiares de los estudiantes desaparecidos mantienen la esperanza de encontrarlos vivos y las autoridades aseguran que continúan en su búsqueda sin agotar ninguna línea de investigación. Paralelamente la movilización social se extiende por todo el país. Sin embargo, al calor de la indignación participan grupos interesados en llevar agua a su molino y organizaciones que le apuestan a la violencia como método para tomar el poder. Su objetivo es el impacto mediático por medio de la revuelta, azuzando el odio entre los mexicanos y provocando el caos en la convivencia social.El incendio de la estación del Metro de CU, la puerta Mariana de Palacio Nacional, el recinto legislativo, los palacios de gobierno de Guerrero, de Iguala y de los edificios de varios partidos, son actos delictivos que manchan las manifestaciones de protesta y dolor que acompañan a las familias de los normalistas de Ayotzinapa.En el río revuelto provocado por la tragedia no falta el oportunismo  de los resentidos, de los mesías y de aquéllos que buscan desestabilizar al país al poner por delante sus intereses mezquinos. Parte de su estrategia es  golpear la figura presidencial al señalar a Peña Nieto como el responsable de un crimen de Estado, aun cuando hay evidencia plena de que los asesinatos y la desaparición forzada de los 43 normalistas, fueron perpetrados por la autoridad local coludida con el crimen organizado que opera en Guerrero. Se trata de un crimen del narco estado municipal.El cambio que quiere la mayoría de los mexicanos no va con la violencia ni con el incendio de edificios públicos, tampoco pasa por la descalificación del Presidente de la República. México quiere la paz, quiere un cambio sin simulaciones, el de la legalidad, en el que se establezca un auténtico Estado de derecho para todos, en el que no se imponga el dinero a la justicia y en el que ser funcionario público o dirigente de un partido no sea sinónimo de impunidad o corrupción. Es la hora de una profunda reforma del Estado mexicano.


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