Leviatán

Temperamentos del voto

En días pasados el periodista y académico Leonardo Curzio al revisar los resultados diferenciados de la elección en los principales núcleos urbanos del país, identificaba tres comportamientos de la ciudadanía: el rupturista, el innovador y el nostálgico.

Nosotros agregaríamos el temperamento conformista en el sentido del voto que se dio en algunas entidades y regiones del país.El voto rupturista que se sumó en el Estado de Nuevo León rompe con la política tradicional del bipartidismo y le apuesta a una aventura de lo desconocido. Una decisión masiva de los ciudadanos que frente al hartazgo de la corrupción política y el abuso de poder, optaron por un voto de castigo pero a favor de un cambio radical.

Más allá del éxito o el fracaso de la gestión de Jaime El Bronco Rodríguez Calderón estamos ante “una ruptura con el pasado”.El voto innovador se sufragó en Jalisco con fama de tradicionalista y conservador, en un escenario de escándalos de corrupción protagonizados por el gobernador Aristóteles Sandoval y su padre.

El voto fue aplastante en favor de Enrique Alfaro candidato de MC para la alcaldía de Guadalajara y de 23 ayuntamientos más en el Estado y de Pedro Kumamoto, un joven de 25 años que será el primer diputado local independiente de Jalisco y del país. No votaron por lo ignoto pero si por un cambio. 

El voto nostálgico se ejerció en la Ciudad de México al romper la hegemonía del PRD que imperaba desde el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en 1997.

Es nostálgico porque no apuesta por lo incierto ni por lo nuevo, pero sí por un partido que representa la añoranza de la cultura antipresidencialista y mesiánica de los capitalinos. Ahora en la Asamblea Legislativa y en varias delegaciones gobernarán los mismos con medio salario bajo la vigilancia de AMLO que “disimula mal su aroma de religiosidad y se proclama nostálgico del nacionalismo revolucionario”.

También vivimos el abstencionismo característico de las elecciones federales de medio término, que fue contundente en los Estados donde no hubo comicios locales como fue el caso de Coahuila y Durango, donde el ausentismo en las urnas rebasó el 60 por ciento.

Sin embargo las cúpulas coahuilenses y duranguenses presumen que le otorgaron al PRI el 46.3% y el 44.8% de su votación general, los porcentajes más altos de todo el país. Es el voto conformista, alérgico a lo incierto y a lo nuevo. Una mayoría que no vota y una minoría que prefiere dejar pasar y dejar hacer. Una historia que se repite y que define a una región en un sentido y en un sinsentido. 


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