Leviatán

Salarios mínimos

Con cambios menores desde 1917 el artículo 123 de la Constitución establece: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”, precepto que lamentablemente no se concilia con la realidad, por lo tanto el monto del salario mínimo actual es anticonstitucional.El salario es un referente básico para identificar el tamaño de la desigualdad en cualquier país. En México los datos más recientes los encontramos en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía: al mes de enero de éste año 6.4 millones de personas recibían un salario mínimo o menos y otros 11.9 millones tenían un ingreso entre uno y dos salarios mínimos. En los registros de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, a valores de 2010 el salario real de 1994  fue de 78.84 pesos y el de 2014 es de 57.71,es decir que el salario mínimo actual es casi 20 pesos menor al que existía hace 20 años.Para dimensionar las inequidades del salario basta un ejercicio aritmético: en cotización del dólar nuestro salario mínimo equivale a 61 centavos por hora laboral y en América Latina sólo superamos a Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Venezuela, sin embargo frente a nuestros vecinos y socios del norte la diferencia es abismal. En Canadá el sueldo mínimo es de 9.95 dólares por hora y en Estados Unidos es de 7.25.Es por ello alentador el debate detonado por el Jefe de Gobierno  al promover la recuperación del salario mínimo, que retomado por el presidente del PAN plantea llevar el tema a una consulta popular en la elección del 7 de junio del 2015. El Partido Revolucionario Institucional recomienda “prudencia” en la discusión sobre los salarios y  los empresarios se han manifestado preocupados por las “inminentes” secuelas inflacionarias y un eventual desempleo que provocaría el incremento.La verdad es que desde la crisis de la deuda externa de los 80 el salario mínimo ha sufrido una caída real del 70 % de su poder adquisitivo y su función lejos de procurar un mejor nivel de vida de los trabajadores, se ha convertido en una retribución simbólica y en una unidad de medida para operaciones  financieras, multas de tránsito, tarifas públicas, pensiones laborales o para determinar el monto del financiamiento público a los partidos políticos.En buena hora que se incorpore éste tema a la agenda pública nacional, que los partidos políticos, los empresarios, los trabajadores, la academia y el gobierno participen en un debate constructivo, responsable y sereno que ofrezca nuevas soluciones a quienes dependen de su salario para vivir. 


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