Leviatán

Incredulidad y esperanza

Entre la crispación y el antagonismo concluyó el proceso legislativo de una reforma energética que rompe paradigmas históricos y abre expectativas para el futuro socioeconómico del país, una reforma que hoy es una realidad en la ley, sin embargo su verdadero éxito dependerá de que se cumplan los objetivos ofrecidos por el Presidente de la República y una mayoría de los diputados y senadores que la aprobaron.Desde el gobierno y el Pacto por México se aseguró que esta reforma detonará el crecimiento económico “a través de la atracción de inversión, el desarrollo tecnológico y la formación de cadenas de valor”, transformará a PEMEX y a la CFE en empresas públicas de carácter productivo, abatirá los precios de las gasolinas, el gas y las tarifas de la luz para el consumo doméstico y creará “un entorno de competencia en los procesos económicos de refinación, petroquímica y transporte de hidrocarburos”. Las izquierdas la condenan y señalan que es una traición a la soberanía nacional que conducirá al saqueo de la riqueza nacional, a la destrucción de Petróleos Mexicanos y  la Comisión Federal de Electricidad y provocará graves consecuencias para el desarrollo del país. Para revertir la reforma promueven una consulta nacional que de aprobarse por la Suprema Corte, se haría en las urnas el primer domingo de junio del 2015.Más allá de su promulgación, para un análisis serio y responsable, el tema energético debería ser abordado en conversaciones públicas por expertos en energía, en economía política, en medio ambiente, para que la población cuente con información objetiva sobre los cambios que vendrán con esta reforma que repercutirán en la vida diaria del futuro. Una  campaña nacional didáctica y congruente, no de propaganda sino de orientación que se coloque por encima de ideologías y proselitismos partidarios. Es entendible la incredulidad y el escepticismo de la sociedad y de los liderazgos en todoel país, tanto por los engaños y las mentiras que se han sufrido en el pasado, como por los pasivos laborales y los escándalos de corrupción congénitos a PEMEX y la CFE. El gobierno de la República no solo se juega su futuro sino el futuro del país. La reforma energética ya se aprobó en su aspecto legislativo, ahora lo que sigue es su aplicación que  exige  talento y una probada capacidad de ope-ración técnica y política de los funcionarios responsables, pero sobre todo demanda voluntad y solvencia moral del gobierno para prevenir y castigar la corrupción que ahoga a nuestro país. 


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