Leviatán

Gobierno de muchos

Reconocido como uno de los pensadores contemporáneos más lúcidos, Norberto Bobbio al citar un relato de las Historias de Heródoto, hace referencia a una célebre discusión de tres personajes griegos, en la que cada uno defendía una de las  formas “clásicas” de gobierno que el filósofo describe magistralmente: “el gobierno de muchos, de pocos y de uno, o sea, democracia, aristocracia y monarquía”.Nuestra democracia que es un “gobierno de muchos”,vive hoy circunstancias difíciles que desalientan el ejercicio del voto y son un motivo para quienes promueven el voto nulo y el descarrilamiento de las próximas elecciones, como si nuestra democracia, aún con sus imperfecciones, fuera la causante de nuestras tragedias y de todas nuestras frustraciones.

De pronto parece que describimos a México como un país que se deshace, reflexiona Jesús Silva-Hersog Márquez, una nación en caída libre, un régimen político que explota y en el que la crítica “parece una competencia de apocalípticos”.Hemos perdido la perspectiva y aunque a nadie sorprende la irritación de estos momentos, vale la pena preguntarnos si estamos evaluando los problemas con la ecuanimidad indispensable. La indignación no pondera, silencia la voz contraria y niega posibilidad a la réplica, su veredicto es hermético y contundente.La indignación “no analiza, condena y no permite el derecho a la defensa”.Vivimos tiempos de polarización y de violencia entre los mexicanos.

Raymundo Riva Palacio sostiene que Andrés Manuel López Obrador es el “arquitecto del fenómeno”.Desde que perdió la gubernatura de Tabasco frente a Roberto Madrazo, con su discurso teológico, fraseado entre el bien y el mal, entre lo negro y lo blanco, sin matices, abrió heridas y discordias que no se superan, discurso que luego se repitió en el 2006 y en el 2012 cuando perdió la presidencia frente a Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, mandó al diablo a las instituciones y desde entonces se lanzó contra la “mafia del poder” exacerbando dinámicas de una sociedad confrontada, intolerante y dividida.Las generaciones del presente y futuro del país no merecen comportamientos irresponsables de la clase política dirigente ni de las oposiciones.

La irritación generada hoy por las circunstancias políticas, económicas y de seguridad no permite dimensionarlas con serenidad y prudencia. Lo más grave es que seignoran los cambios recientes y lo mucho que hemos logrado para construir el entramado institucional que de ningún modo debe ser menospreciado. 


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