Leviatán

Futuro complicado

Si en retrospectiva recapitulamos el 2014 mexicano tendríamos que reconocer que este ha sido un año de profundos contrastes, que inició con un conjunto de reformas estructurales que pusieron en boga el nombre de nuestro país en el mundo, pero termina convulsionado por una sucesión frenética de acontecimientos que ponen a prueba la solidez de las instituciones y la capacidad de respuesta de una clase política que parece no dimensionar la emergencia de la hora que vivimos.De la euforia del Pacto por México pasamos a las masacres de Tlatlaya y Ayotzinapa y a partir de esos eventos nos enredamos en una crisis política envenenada por la violencia, el oportunismo, la corrupción y la impunidad.La presencia activa de los grupos delictivos en todo lo largo y ancho del país así como el contubernio de autoridades y mandos policiales se desnudó ante el mundo en el municipio de Iguala. La PGR tardó en atraer la averiguación y después de tres meses de la tragedia, al día de hoy no se ha informado al país íntegramente sobre el avance de la indagatoria: los hechos, los móviles y todos los presuntos responsables. Circulan versiones que implican a varios normalistas con un grupo criminal y una investigación periodísticarevela ocultamiento y exoneración anticipada al Ejército y la Policía Federal en el caso.La movilización en la calle es enervada en las redes sociales y por los grupos abiertos y clandestinos que encuentran en la violencia la vía para imponer su proyecto de país. El incendio de edificios públicos, la toma de carreteras y de aeropuertos, el secuestro de periodistas, el desafío al Ejercito en sus cuarteles, la exigencia de cancelar los comicios en Guerrero y el llamamiento nacional a no votar, forman parte de una estrategia subversiva.No es coincidencia la denuncia pública sobre los presuntos conflictos de interés que involucran al equipo y a la familia de la casa presidencial, un ingrediente más al caldo de cultivo que fermenta la inconformidad ciudadana junto con el estancamiento económico que ha incrementado la desigualdad, con una menor producción petrolera y con el derrumbe del precio de la mezcla mexicana, mientras que el peso se deprecia y aumenta la deuda externa de nuestro país.Aquí lo escribimos: vivimos tiempos difíciles. Lo que hoy sufre el país puede tener efectos inciertos. El futuro se ve complicado pero también puede ser la oportunidad de un cambio trascendental que enderece el rumbo de México, pero este solo puede darse con grandeza, con visión de Estado, con responsabilidad y patriotismo del gobierno y de toda la clase política.Mientras tanto, estimados lectores, deseo que 2015 sea su mejor año. 


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