Leviatán

Campañas negras

El objetivo central de las campañas negras es vencer a los contendientes políticos, por eso se han convertido en prácticas cotidianas de los partidos y de los candidatos que disputan un puesto de elección popular a pesar de las restricciones de la ley.

Para ganar o conservar el poder en las urnas electorales es indispensable una buena dosis de astucia, de sangre fría y de inteligencia, no solo para obtener la mayoría de los votos en las urnas, sino sobre todo para derrotar al adversario.

También son denominadas “negativas” porque estas campañas se centran en el ataque, la denostación y en hablar mal del contendiente, ejercitando la estrategia del miedo para desalentar el voto a favor de los opositores. Implican la publicación de supuestos errores o corruptelas  del candidato, se leridiculiza, se contratan personas que lo insulten y se hace  escarnio de su trayectoria.

Las campañas negras y la guerra sucia impiden el crecimiento y la consolidación de la democracia. No surgen de una diferencia de ideas o propuestas sino que son producto de la ofensiva oscura que genera exclusión, mofa y odios al adversario político. Su práctica es grave porque las ideas plurales son la base fundamental de la democracia.

En México esta estrategia es muy común y en muchos casos ha dado resultados. En 2006 el publicista español Antonio SoláReche fue el autor de aquél promocional “AMLO, un peligro para México” que en los hechos le causó un gran daño electoral al candidato presidencial. En 2007 se prohibieron constitucionalmente las campañas negras y el artículo 41 establece que en las campañas electorales que difundan los partidos deberán abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones o que difamen y calumnien a las personas.

Sin embargo, con las nuevas regulaciones se fomentan las campañas negras por debajo del agua, de forma indirectay al margen de los protocolos de la campaña política. Los expertos en  guerra sucia recomiendan que las campañas negras se realicen al final de la campaña formal, para evitar la respuesta del adversario; cuando la campaña es muy competitiva y cuando se está en desventaja.

Si las emociones son la matriz de la vida social y de nuestro comportamiento, es explicable el impacto de las campañas negativas en la sociedad, por eso los mexicanos no distinguen la diferencia entre un mensaje congruente y otro manipulado para dañar a un adversario.

POSDATA. En el debate El Güero no remontó y Esteban conservó la ventaja. Lo que sigue es la guerra sucia que contamina y envilece la contienda electoral. Una vez más ronda el fantasma del abstencionismo en una sociedad inconforme que no participa en las urnas.


torrescastilloj@yahoo.com.mx