La Feria

Los pasos de Fernando apuntan a la cima

Hoy, los lectores de La Feria sabrán si Fernando del Paso, nuestro admirado y admirable escritor tapatío –por adopción, por decisión, por residencia desde hace más de veinte años— obtuvo o no el Premio “Miguel de Cervantes”, que se considera el Nobel de la lengua española.

Se lo hayan otorgado o no, Del Paso sigue siendo uno de los más grandes narradores del idioma. Su inteligencia, su profundidad y la forma en la que despliega los mundos de sus novelas hacen de él un coloso de las letras y, por ello, un candidato rotundo a los premios mayores. Por algo, en 2007 se le otorgó el Premio de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo, ahora denominado Premio FIL de Literarura en Lenguas Romances.

Del Paso es, además, un intelectual íntegro, un creador plástico incansable y un escritor polifacético. Ha sido capaz, por ejemplo, de apoyar abiertamente a López Obrador en un horizonte panista; de exponer cientos de pinturas de su autoría como protesta y queja ante la muerte de tantas mujeres de Ciudad Juárez; de crear decenas de esculturas imprevisibles y pinturas estupendas; además de escribir poesía, ensayo y libros como Memoria y olvido. Vida de Juan José Arreola o una obra monumental como Bajo la sombra de la historia. Ensayos sobre el islam y el judaísmo. Se trata, pues, de un creador fuera de serie.

Del Paso nació en 1935 en el Distrito Federal, pero salió de esa ciudad desde 1969. Vivió en Iowa, EU, para después radicar por trece años en Londres. Más tarde vivió en París, en donde fue consejero cultural de la Embajada de México y, finalmente, cuando quería volver a su patria, se interesó por vivir en la Perla Tapatía, lo que fue posible gracias al ofrecimiento que le hizo la Universidad de Guadalajara, en el momento en que Raúl Padilla era rector y Dante Medina director de Extensión de esa casa de estudios.

Así, desde 1992, el autor de José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio radica en Guadalajara, y desde entonces funge como director de la Biblioteca Iberoamericana de la universidad. De su obra, el poeta David Huerta decía ayer: “ cuando lo leí, me pareció un escritor muy talentoso; recuerdo en especial los juegos de palabras y la paremiología frenética de su José Trigo, así como las fantasías médicas de Palinuro de México y la hermosa recreación-invencion de Noticias del imperio”.

Sin duda, la obra que ha significado un punto crucial en el trabajo y la vida de Fernando ha sido ésta última. El monólogo de Carlota es de las piezas literarias actuales más estudiadas por los investigadores. No es casualidad; la intensidad del texto, la sorprendente forma en que la imaginación del autor retoma y revive la locura de la emperatriz estremece al lector y lo deja pasmado ante la suave contundencia de las palabras, ante la poesía de la locura, ante la claridad desquiciante del texto.

Carolina Navarrete, entre otros estudiosos, al revisar el monólogo de Carlota ha dicho que “se caracteriza por una marcada irracionalidad donde el erotismo se constituye en revelación de su identidad y la mentira pasa a ser causa y eje fundamental de su discurso de insanía”. Y agrega: “cabe señalar que Fernando del Paso estaría plasmando, a través de los monólogos de Carlota, su deseo de manifestar un discurso caracterizado por la ausencia de valores sólidos tanto en la sociedad mexicana como en la francesa, lo cual dialoga con nuestro horizonte moderno sometido a la deflación ideológica y a la concepción del mundo como un campo de batalla donde todo se justifica, incluyendo la mentira, el engaño y la traición sin importar que la obtención de propósitos se logre a costa del aniquilamiento del otro”. Es, pues, una más entre tantas lecturas posibles de la obra.

Por nuestra parte, estamos seguros que Fernando del Paso obtendrá, si no es ahora, mañana, el Premio Cervantes, por una razón muy simple: Lo merece.