La Feria

De rumores y pinacotecas

Una buena noticia para quienes se preocupan por el destino que pudiera tener la valiosa pinacoteca de Jalisco, resguardada en el Museo Regional de Guadalajara, es que la colección no se llevará a la Ciudad de México ni a ninguna otra parte. El rumor que creció como una bola de nieve y ha provocado inquietud entre los organismos culturales no tiene absolutamente ninguna base. Así de claro.

Tal vez la remodelación del museo, con motivo de la próxima celebración de su Centenario, propició especulaciones que difundieron algunos medios, sin bases; pero, lo cierto es que las casi mil obras de la colección (una de las más valiosas de América Latina) permanecerán en el recinto.

La inquietud de los jaliscienses por conservar este tesoro es justificada; hay en ella mucho de la raíz artística que aún nos anima y nos enorgullece. El injustificado rumor del despojo cobró tal fuerza que instituciones como el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, el Seminario de Cultura Mexicana, la Sociedad de Geografía y Estadística, el Cabildo de Guadalajara, la Secretaría de Cultura y otras, públicas y privadas, han manifestado su preocupación.

Curiosamente, esta situación podría derivar en beneficios para la colección; una colección de la que, hasta hace un par de meses, pocos parecían acordarse y que ahora todos se preocupan por cuidar y vigilar. Tal vez esa disposición que han mostrado el ayuntamiento tapatío y la Secretaría de Cultura pueda traducirse en apoyo para la importante pinacoteca. Podrían, por ejemplo, aportar recursos para la restauración de las obras que la requieren; o podrían, por ejemplo, abrir un espacio en el histórico edificio de la calle Zaragoza (que contraviniendo los convenios con el Conaculta el gobierno ha convertido en oficinas burocráticas) para exhibir una parte importante del acervo.

Más aún, las instituciones y los particulares podrían reestructurar la asociación de amigos del museo para impulsar la difusión de su acervo, realizar aportaciones voluntarias o dar brillo a las actividades de su programa.

La idea de la reestructuración del museo —que conozco de primera mano por haber participado (así sea tangencialmente) en el proyecto en el que también colaboran Otto Schöndube (de manera destacada, claro), Arturo Camacho, Carmen Villoro, Ernesto Cano, Juan Carlos Flores, Adriana Lara y Gladys Abascal, entre otros especialistas— es que el recinto muestre, no sólo una exposición pictórica, sino que ofrezca una muestra amplia de la cultura de Jalisco, de acuerdo con las nuevas tendencias museológicas. En este contexto, una selección de la pinacoteca se mostraría en forma permanente en una sala, mientras que en otras dos se exhibirían muestras temporales de la colección, regidas por distintas variables discursivas. Habría pues, una especie de rotación en la exposición de las obras, lo que es mejor que lo que ocurría antes, cuando dos terceras partes de las casi mil piezas se mantenían guardadas por años en las bodegas y el resto en una exposición interminable.

Así que, no hay ningún motivo para temer. La colección se queda en manos de Jalisco.