La Feria

Una gran voz quebrada por la pena

De cuando en cuanto,  la palabra se enciende, arde e ilumina a los hombres para que sus ojos vean. Y muestra, con su luz, el pasaje donde se encuentran, las encrucijadas de su destino, el espejo que refleja el rostro verdadero: los suburbios de la existencia humana, los abismos del sufrimiento.

Fernando del Paso, el día de ayer, encendió en el horizonte de México su palabra, nuestra palabra y nos enorgulleció a todos. Es, como siempre, un valiente, un hombre de corazón y de conciencia, que mira hacia el país y se lamenta: “me duele hasta el alma ver que nuestra patria se desmorona”. El escenario fue la Feria Internacional del Libro de Yucatán (Filey), en donde Sara Poot, presidenta de UC Mexicanistas (creadora del premio) y Rafael Morcillo, presidente de la Filey, entregaron a Del Paso el Premio “José Emilio Pacheco” a la excelencia literaria.

En un discurso perfecto —como suelen ser los de este autor— se dirigió a su extinto amigo José Emilio, para desenmascarar la corrupción, la desigualdad y la injusticia: “¡Ay, José Emilio! Sí, dime cuándo empezamos a olvidar que la patria no es una posesión de unos cuantos, que la patria pertenece a todos sus hijos por igual […]”.

En momentos en que la prensa anuncia la subasta de la riqueza petrolera mexicana, la privatización de la industria eléctrica, los desastres ecológicos ocasionados por las minas y la creación de una “ley de aguas” que permitirá a las grandes empresas apoderarse de nuestros yacimientos, Fernando del Paso levanta su voz, herida por la pena, marcada por el dolor, para entregarnos su denuncia:  “No puedo quedarme callado ante tantas cosas que se han quebrado”, confiesa.

“¿A qué horas, cuándo, permitimos que México se corrompiera hasta los huesos? ¿A qué hora nuestro país se deshizo en nuestras manos para ser víctima del crimen organizado, el narcotráfico y la violencia”. Duele en el corazón nuestro como espina la voz del escritor de Noticias del Imperio. Duele en momentos que la prensa da a conocer las fotos del presidente al lado de la reina de Inglaterra. ¡Por Dios!

Del Paso, artista, es también voz de la conciencia de México. La voz que el poder se niega a escuchar. La voz que se levanta por los desposeídos, por los veinte millones de miserables que no tienen para comer, por los cuarenta millones que apenas sobreviven.

“Lo único que no sé es en qué país estoy viviendo. Pero conozco el olor de la corrupción”, dice Del Paso, apenas unos días después de que el cineasta Alejandro González Iñárritu, en una entrevista con el diario italiano La República, denunció: “el gobierno no es parte de la corrupción; el Estado es la corrupción”.

Del Paso no fue menos contundente; herido, alza su voz al cielo en un llamado doloroso. Ojalá que el fulgor de estas palabras dejen en la mirada una luz nueva.