La Feria

La cultura y el miedo

El alcalde de Zapopan, Héctor Robles Peiro, un buen alcalde, se ha esmerado en su proyecto cultural. A través de funcionarios creativos como Gabriela Serrano, Nesly Mombrun y Guillermo Dávalos, por citar algunos, ha realizado programas innovadores que han sido muy bien recibidos por la comunidad.

Sin embargo, aprovechando alguna ausencia suya necesaria, la policía cultiva otra cultura: la del miedo, la violencia y el uso desproporcionado de la fuerza contra los jóvenes. El viernes, a las doce de la noche, unas 35 patrullas (¡imagínese!) llegaron a contener una fiesta de cumpleaños que, por la enorme asistencia, se desbordó hacia la calle, sin que hubiera ni riñas ni música, aunque sí cierto escándalo molesto para los vecinos.

Para someter a los fiesteros, la policía, en lugar de llevarse a los escandalosos o disipar la reunión, optó por utilizar recursos de ataque dignos de emplearse contra criminales: disparó balazos y ráfagas al aire (como consta en videos de Facebook), utilizó gases lacrimógenos, allanó la vivienda del cumpleañero, golpeó a la mamá del festejado (como denunció su hija), dañó puertas interiores, sacó a los muchachos utilizando la fuerza, a muchos los golpeó y los arrastró, y finalmente, a casi 300 de ellos (todos jovencitos y entre ellos unas setenta chicas) los sometió, los tendió en el piso —esposados unos, pateados otros— y, finalmente, los encarceló.

Cientos de familiares se reunieron afuera de la cárcel desde la una de la mañana sin recibir información, sino a cuentagotas. A las doce del día siguiente, apenas se había “registrado” a 122 muchachos detenidos. Del resto no había datos ni se sabía nada. En las celdas, quienes se atrevieron a reclamar su detención fueron golpeados. La mayoría, con la cabeza baja, soportó inteligentemente los malos tratos y los insultos.

Cuando el alcalde fue informado, claro, ordenó la liberación de los muchachos sin pago de multa. La medida alivió la tensión acumulada afuera de “la curva”, donde continuaba unos doscientos familiares indignados.

Al salir, varios muchachos venían golpeados por policías. Todos fueron amenazados. Un chico, vecino mío, excelente estudiante, chamaco incapaz de riñas, tenía una hinchazón como bola de golf morada en un ojo, producto de un botellazo que le propinó un uniformado. Una chica llevaba una descalabrada en la cabeza, otro sobaba el dolor de los golpes de macana, uno más llevaba una abierta de más de diez centímetros bajo el pelo largo.

El boletín oficial, que decía que la policía intervino ante un pleito de jóvenes, fue reproducido ciegamente por los periodistas de prensa y televisión, con una sola excepción. Así que, parece que nada ocurrió. Tras la vejación, incluso los padres han guardado silencio ante el temor de represalias.

Es triste que mientras el ayuntamiento se preocupa por estimular la cultura de la creatividad, algunos elementos practiquen la incultura de la prepotencia, el miedo y la ilegalidad a espaldas de su alcalde y en contra de muchachos sin armas ni defensa.