La Feria

De circos, cultura y otras hipocresías

La demagogia, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, consiste en una “degeneración de la democracia”, en la que los políticos “mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales del pueblo, tratan de conseguir o mantener el poder”. Y traigo esta definición a este espacio, no tanto porque quiera hacer notar lo obvio: que nuestra clase política, excepciones aparte, es profundamente demagógica, sino para referirme a un hecho breve, pero muy ilustrativo de esta práctica, en la Guadalajara contemporánea: El movimiento propagandístico del Partido Verde (por cierto, un partido convertido en patrimonio personal de Jorge González y su hijo Jorge Emilio, “El niño Verde”) contra los circos que presentan animales en sus funciones.

Primero, hay que recordar que el Partido Verde (¡qué gran negocio resultó utilizar esas siglas!) ha estado en los encabezados por las prácticas gansteriles de sus dirigentes, por la venta abierta de puestos que realizó “El niño verde”, por su forma de ofrecerse al mejor postor, sea el PRI o el PAN, por su falta de profundidad en las propuestas, y por su silencio cómplice ante situaciones tan graves como los cultivos transgénicos, los daños que causan las empresas petroleras al país, y la afectación del medio ambiente por las grandes mineras y otras empresas transnacionales. Ante ellas, el PV no abre la boca.

En cambio, promueve a través de la radio y la tv, como “logros” suyos, cuestiones sin relieve, pero que a los desinformados les pueden resultar atractivas. Una de ellas, ha sido promover la prohibición de que circos utilicen animales en sus funciones. Y mucha gente bienintencionada siguió esa medida, superficial, sin duda, e hipócrita a todas luces, como un aporte de los defensores de los animales, cuando, en realidad, en nuestra cultura, estos pobres seres son sometidos a un constate sufrimiento por parte de los seres humanos.

Y es que si de evitar el mal trato a los animales, los verdes deberían comenzar, como lo han hecho partidos ecológicos en otras naciones, por evitar la tortura que sufren diariamente los miles de animales que son sacrificados en los rastros. Quien haya ido a uno de ellos no me dejará mentir. La crueldad es tal que sale de ahí uno sin deseos de volver a comer carne en su vida. Y es que cada uno de los animales torturados y matados, cada una de esas vacas sacrificadas, tienen la misma vida, los mismos derechos y es tan sensible al dolor como cualquier perrito o elefante de circo. Y sin embargo, el Partido “Verde” (así, entre comillas, porque de verde no tiene nada) cierra los ojos y nada hace para que, al menos, estos animales sean sacrificados en una forma menos brutal que la que se practica hoy en día en nuestros rastros. ¿Han escuchado ustedes los chillidos de un puerco cuando lo están matando?

También podría el partido pugnar porque los perros que recogen las autoridades en las calles no sean asesinados a palazos o con toques eléctricos, como ocurre actualmente. Luego de retenerlos unos días en las perreras, los animales, llamados “los mejores amigos del hombre” son sacrificados sin piedad. Ni siquiera merecen que se pague el precio de una bala que pondría fin a su vida, al menos, en una forma pronta y menos dolorosa.

Tenemos la “fiesta brava”, en la que gritamos entusiasmados ante el arte de torturar y quitar la vida a un toro. Festejamos el pase del banderillero que clava el lomo del astado y lo sangra para restarle poder; aplaudimos el arte de la pica que se clava en el animal, mientras embiste, a ciegas, al caballo del picador. Gritamos entusiasmados en los palenques, cuando dos animales, con filosas navajas atadas en sus patas, se rajan la garganta y, por si fuera poco, tenemos muchas formas más de torturar a estos seres irracionales.

Así pues, matamos con crueldad cientos de vacas, becerros, toros, gallos... cada día; y, después de torturarlos y quitarles la vida, nos los comemos. Ajusticiamos a palos a los perros que caen en mano de los perreros, y no hay medidas que realmente eviten estos sufrimientos a estas nobles bestias. Pero, nos santiguamos  y vociferamos contra los circos que, en la enorme mayoría de los casos tratan bien a los animales. Pues claro, el circo quiere que sus animales duren muchos años y por eso les otorga un trato consecuente. Así que, desviamos la mirada del verdadero crimen cotidiano y la clavamos en los circos.

Y no es que salgamos del tema. En este espacio hablamos, claro, de cultura. Pero una parte de la cultura incluye no dañar a los animales, seres conscientes y sensibles, que padecen día a día los malos tratos y torturas a las que les sometemos.

Protejámoslos en realidad, promoviendo medidas certeras, razonables, reales, y no propuestas demagógicas dirigidas, como bien lo dice la Academia, “a los sentimientos elementales del pueblo” con el único fin de conseguir el poder. 

Hemos visto a lo largo de varios años y con tristeza, la ausencia de un verdadero partido verde en México. Dejemos a un lado el engaño y la hipocresía. Si queremos proteger a los animales, nuestros compañeros de siempre en esta tierra, adoptemos las medidas pertinentes y no nos dejemos llevar por la demagogia de un partido que miente en todo, hasta en el nombre.

 

jorge_souza_j@hotmail.com