La Feria

Se agudiza el conflicto en la filarmónica

Los problemas en la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) no terminan. En los días recientes han seguido avanzando y ya llegaron, no sólo a los tribunales federales y administrativos, sino también a la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) y a los foros culturales de la ciudad.  Así, el escándalo crece.

Los músicos que durante años integraron el ensamble jalisciense defienden sus atriles; atriles que han sido entregados en meses recientes a ejecutantes foráneos, invitados y contratados por el nuevo director, Marco Parisotto, quien cuenta con el apoyo del Patronato. Claro, esto tiene entre sus inconvenientes el de que hay que pagar, además, doble nómina.

Ocho de los músicos que demandaron han recibido ya un fallo legal favorable para continuar en sus atriles. La primera en denunciar, la co concertino Jolanta Michalewicz, obtuvo una orden de un juez para ser repuesta en su sitio desde hace varios días, pero esa orden no ha sido acatada por la gerencia de la orquesta. El abogado de los músicos, Alejandro Ancira, anunció que avisará al Ministerio Público para que actúe, porque violar una orden judicial es delito grave.

¿El patronato de la OFJ seguirá apoyando a Parisotto? Tal vez. Lo cierto es que los músicos desplazados dicen que irán hasta las últimas consecuencias en defensa de sus intereses. El conflicto crece como un alud. Lejos de que la situación se estabilice, los signos anuncian que se agudizará a menos de que se busque una solución negociada al problema; una solución que vaya más allá del plano meramente instrumental.

El martes pasado, el ex director de la OFJ, Guillermo Salvador, experto en el tema y conocedor de cada uno de los integrantes del grupo, aseguró, en un foro cultural, que a los desplazados no les falta ni conocimiento de la técnica ni disciplina orquestal y que el hecho de que se aproxime su jubilación no es motivo suficiente para que sean retirados de sus atriles. ¿Entonces?

¿Los músicos de la OFJ son difíciles? Lo son cuando se trata de defender su trabajo, como cualquier otro artista; y no me refiero a sus honorarios, sino al desempeño con su instrumento. No hay que olvidar que se trata de músicos profesionales, con amplia trayectoria, capaces de interpretar un repertorio rico y diverso, y que aman su oficio. Por eso, consideran que merecen continuar en el ensamble, de donde han sido separados sin que haya una justificación laboral convincente de por medio.

¿A dónde conducirá este enfrentamiento? Imposible saberlo. A cualquier lugar que conduzca no será bueno ni para la Filarmónica, ni para las autoridades, ni para los músicos que forman parte de ella. Esta es una situación de un inevitable “pierde-pierde”, que requiere de tacto e inteligencia para resolverse. El resultado, así, no será ni una mejor imagen para la orquesta, ni el mejoramiento del clima laboral que prevalece en ella. Y es que, lo siento, no se puede tratar a los seres humanos como si fueran, solamente, atriles.

 

jorge_souza_j@hotmail.com