La Feria

Poesía que duele como Ayotzinapa

¡La grande y pura verdad patria la poseen,

oh país, país mío, los esbirros,

Efraín Huerta

 

En días como estos, cuesta hablar de literatura. Aunque la poesía nos permite repensar el mundo, en nuestra vida hay cosas más importantes; por ejemplo, que la policía no se lleven a 43 muchachos y los desaparezcan; por ejemplo, que no capture a jóvenes manifestantes y los confine en cárceles de alta seguridad. Y sin embargo, no hay mejor forma de decir lo que se vive en México que con las palabras del poeta:

/Ardiente, amado, hambriento, desolado,/ bello como la dura, la sagrada blasfemia;/ país de oro y limosna, país y paraíso,/ país-infierno, país de policías./ Largo río de llanto, ancha mar dolorosa,/ república de ángeles, patria perdida./

El texto “Mi país, oh, mi país”, de Efraín Huerta, resulta profético: /Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes./ Morirse todo de terror y de angustia./ Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos/ y las cárceles y las prisiones militares son para ellos./  Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga/”.

Palabras escritas hace más de medio siglo, pero que se actualizan en el presente, cuando el gobierno, lejos de favorecer el desarrollo humano, ha hundido a casi setenta millones de mexicanos en la pobreza: […] /y la voz oficial, agria de hipocresía,/ proclama que primero es el orden/ y la sucia consigna la repiten/ los micos de la Prensa,/ los perros voz-de-su-amo de la televisión,/ el asno en su curul,/ […] mientras la dulce patria temblorosa/ cae vencida […]

Las marchas pasan exigiendo justicia, pero la burocracia apuesta al olvido. El presidente sigue con su discurso como si nada ocurriera y lanza veladas amenazas, cada vez más abiertas, contra “los violentos”, “los que pretenden desestabilizar”- Y sin embargo, como dejó plasmado en un poema el querido Juan Gelmán, hay otras escrituras que seguirán hablando de estas muertes, escrituras que trazan los huesos de los sacrificados y se mezclan con la luz y es imposible apagarlas:

/¿qué es esta luz que sube de tus muertos?/¿ves algo?/ a la luz de esta luz?/¿qué ves?/¿huesitos/ sosteniendo el otoño?/¿alguno/ raspando las paredes del mundo con sus huesos?/¿ves más?/¿están raspando las paredes del alma?/¿escriben/ “viva la lucha”?/¿raspan/ los muros de la noche?/¿escriben “!viva el alma!”/

Ayotzinapa seguirá en la memoria como una cicatriz que tardará en cicatrizar. Entre tanto, vivimos en la niebla de la incertidumbre, porque México está, como dice Huerta:

Todo el país amortajado, todo,/ todo el país envilecido/ todo eso, hermanos míos/.

Pero el dolor fecunda nuevos gérmenes. Y la poesía nombra la otra historia, la que no se refleja en los libros de texto. Por eso, termino este artículo con versos de Neruda: “Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta/ […]/ Dadme el silencio, el agua, la esperanza/”. 

 

jorge_souza_j@hotmail.com