La Feria

Pérdidas para la poesía

Qué lástima. Sin previo aviso, desapareció el programa El verano de la poesía, que realizó ininterrumpidamente durante ocho años la Coordinación de Artes Escénicas y Literatura de la Universidad de Guadalajara. Es una pena porque el esfuerzo estaba teniendo eco entre los tapatíos y porque abría nuevos espacios de encuentro entre los ciudadanos y las letras. No sólo se realizaban lecturas convencionales y talleres literarios, también se efectuaban lecturas colectivas, maratones de poesía, recorridos poéticos y otras estrategias que los organizadores planearon para llevar los textos a diferentes estratos culturales

Junto con El verano, se perdió también el Premio Juan de Mairena, una distinción poética que, si bien no entregaba ninguna cantidad en efectivo, sí logró convertirse en un galardón significativo al paso de los años. Y no es para menos. Lo obtuvieron, en 2008, el maestro emérito de la U de G, poeta e investigador Ernesto Flores; en 2009, el poeta Raúl Bañuelos, del mero barrio de Santa Teresita; en 2010, uno de los más altos personajes de nuestra cultura, el doctor Miguel León-Portilla, quien ha recuperado y estructurado los mitos y la cosmogonía de los aztecas, así como una enorme parte de la estupenda poesía que cantaron y danzaron en la época prehispánica.

En 2011 lo mereció el poeta jalisciense Guillermo Fernández y, un año después, le correspondió ese honor a la poeta y tallerista Patricia Medina. En 2013, le fue entregado a otro de los más grandes escritores de México, a Eduardo Lizalde; y en 2014, el premio fue para la poeta y editora regiomontana Jeannette L. Clariond. Finalmente, el año pasado lo recibió el tapatío Ricardo Yáñez, quien, por cierto, también vivió su niñez en Santa Teresita.

Sin embargo, en 2016 la situación dio un giro inesperado. El director de Artes Escénicas y Literatura de la U de G, Guillermo Covarrubias, fue invitado a dirigir la cultura en el municipio de Tonalá y el cargo quedó vacío. La Universidad no designó a nadie en su lugar. El hueco se profundizó con la renuncia (por motivos personales) de Ana Claudia Zamudio, quien se desempeñaba como jefa de Literatura y trabajaba ya en la organización de El verano de la poesía y el Premio Mairena, cuando resolvió partir.

No se habló de nuevo del programa. Ni del premio. Simplemente se apostó al olvido de un logro que fue significativo para muchos amigos de la poesía, durante ocho años. Hoy, al comenzar el mes de julio sin noticias sobre estos temas, queda en claro que no existe la intención institucional de darles seguimiento. Son, pues, espacios perdidos para la poesía; espacios que, con dificultades se habían creado y que ahora, de un plumazo, dejaron de existir.

Era el programa universitario de literatura dirigido a los tapatíos; ahora ya no lo hay. La Feria Internacional del Libro, con su excelencia y su grandeza, no cubrirá el vacío dejado por El Verano de la poesía; el Premio FIL, con sus cientos de miles de pesos, no sustituirá el íntimo significado del Premio Mairena.