La Feria

Lagos de Moreno se escribe con poesía

El cielo de Lagos de Moreno —dice Hugo Gutiérrez Vega— es color cobalto. Un tono profundo, impregnado de serena luminosa da sustento a sus atardeceres. En otoño, es semejante a un quietísimo domo bajo el que vuelan parvadas de tordos que al caer la noche duermen, más que en los árboles, en los cables de electricidad del centro de la ciudad, a un lado del teatro Rosas Moreno.

Se habla también de la arquitectura de Lagos, de la cantera clara de sus edificios, de la armoniosa distribución de sus calles y plazuelas, de la dimensión humana de la ciudad. Y todo es cierto. Pero, tal vez lo más trascendente sea la obra que han dejado sus escritores. Y es que la ciudad fue durante largos decenios un centro cultural dueño de su propia dinámica, que constituía un punto de referencia intelectual ante Guadalajara.

Ahí nació y vivió una gran parte de su vida el padre Agustín Rivera (1824-1916), un cura liberal que mereció el respeto de la jerarquía eclesiástica a pesar de sus ideas radicales. Propuso y defendió enseñar filosofía a la mujer; una iniciativa que se adelantó a su tiempo y que no encontró un solo simpatizante entre quienes tenían poder de decidir.

Rivera escribió que los hombres se oponían a la educación femenina porque, el día que la mujer aprenda filosofía, “adiós bellos jardines, adiós doña chambrana”. El padre, además de ser autor de casi mil libros, folletos y hojas,  fue el orador oficial en los festejos del Centenario de la Independencia.

Entre los escritores de Lagos destaca José Rosas Moreno (1838-1883), un autor que dejó huella, no sólo con sus fábulas tan conocidas, sino también con su presencia, con su carisma, con su trabajo dramático... El teatro de la ciudad lleva su nombre.

Carlos González Peña (1885-1955), uno de los fundadores del Ateneo de la Juventud y destacado novelista, fue autor de una historia de la literatura mexicana que aún ahora sigue siendo consultada. Miembro de la Academia de la Lengua, su personalidad ejerció una notable influencia en su tiempo.

Y qué decir de Mariano Azuela (1873-1952), iniciador de la novela de la Revolución con Los de abajo, esa obra maestra a la que se agrega una larga serie de títulos. A su lado, uno de los poetas mayores de México, Francisco González León (1862-1945), cuya poesía hiere con melancólica luz el corazón de sus lectores, escribía desde su banco en la botica del pueblo. Él no salía de Lagos, pero sus letras trascendieron gracias, en gran parte al maestro Ernesto Flores.

Fueron precisamente Azuela y González León los primeros ganadores de los Juegos Florales de Lagos de Moreno, en la rama de “cuento” y de  “poesía” hace unos 112 años. Un buen principio para una tradición que aún perdura y que acaba de lanzar su convocatoria para la edición correspondiente a este 2015. Firmada por el alcalde Hugo René Ruiz Esparza y el director de Cultura Rubén Hernández, los juegos, para fortuna de todos, continúan vigentes.