La Feria

Compras del Cabañas, arenas movedizas

La idea era estupenda: adquirir obra plástica para enriquecer la colección “Pueblo de Jalisco”, del Instituto Cultural Cabañas. Y tenía fundamento, ya que hace tres decenios no se incrementa y falta incorporar a ella autores de primera línea, como Javier Campos Cabello o Sergio Garval. Para este fin, la Secretaría de Cultura obtuvo recursos de los que destinó 6.1 millones de pesos a quince obras. Algunas muy discutibles, dicen los especialistas.

Más allá de la polémica que pueden despertar hechos como que, por ejemplo, a Benito Zamora (seleccionado merecidamente) se le compró, no una pintura, sino una escultura, el problema se centra en el mecanismo de legitimación para realizar las compras.

Se creó un Comité de Selección que tendría la función de elegir las obras que serían adquiridas. El comité incluyó al curador del Cabañas, Rubén Méndez Ramos, a la ex coordinadora de Artes Plásticas de la Secretaría de Cultura, Mónica Ashida, y otras personas afines a ellos, que ya tenían, de mano, la mayoría de los votos y la decisión de favorecer a ciertos artistas y determinadas corrientes.

Para legitimar la operación se incluyó en el comité a especialistas de la sociedad civil (el toquecillo ciudadano) y, particularmente, del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, entre ellos Paco de la Peña, Arturo Camacho, José Villaseñor, José Luis Malo y Dan Montellano.

La idea era que este comité aprobara la compra y, particularmente, los precios que se pagarían. Pero, desde la primera reunión pareció claro que Méndez y sus afines tenían la mayoría y que la participación ciudadana serviría sólo para legitimar el asunto. Por eso, tal vez, a la segunda reunión ya no concurrió el doctor Arturo Camacho.

Una vez que los integrantes del CECA se percataron de que el pastel estaba cocinado y de que su función era legitimar una operaciónde antemano definida, dejaron constancia en actas de su inconformidad tanto con la selección (que por cierto nunca conocieron de manera completa y definitiva) como con el precio (que cuestionaron, según señalan las actas).

El presidente del CECA, René Arce, pidió los documentos que le permitieran tener la información completa sobre la compra, pero no le fueron proporcionados. Los tuvo apenas en marzo, después de solicitarlos a través de los mecanismos de Transparencia. Ahí quedaba de manifiesto que ni la selección ni los costos eran los queconoció el CECA; así que el CECA se deslindó de esta operación.

La parte más oscura de este problema viene después. ¿Por qué, sin el aval de los especialistas invitados, sin el aval del CECA, sin la consulta a ningún valuador de arte y sin la referencia de los precios que prevalecen en el mercado abierto de la plástica, se tomó la decisión de comprar determinadas obras a sobreprecio? Eso es lo que deberán explicar quienes realizaron la adquisición y, créanme, no será nada fácil. Es como cuando uno se mueve en arenas movedizas sólo para hundirse más.