La Feria

Ceguera política y cultura

Resulta difícil escribir sobre temas culturales, cuando el país está en plena transformación y se hunde en la incertidumbre.

Resulta difícil porque, de acuerdo con las noticias recientes, Pemex perdió miles de millones de dólares en el trimestre anterior y a la Comisión Federal de Electricidad le ocurrió otro tanto. Lo que se traduce como: “Pemex y la CFE están quebrados, vendamos todo, menos la marca”, tal y como está ocurriendo.

Resulta difícil porque el descontento crece mientras algunos funcionarios defienden a bandas de criminales y protegen capos. Porque, después de los graves sucesos de Ayotzinapa, Tlatlala, Autlán y muchos otros, en la colonia Narvarte asesinan a un fotoperiodista incómodo para el gobierno de Veracruz y a una luchadora social, junto a otras tres mujeres, sin que la autoridad haya ofrecido una versión creíble de los hechos.

Porque la falta de credibilidad en el gobierno alcanza límites no vistos antes. Porque la aceptación del presidente ha caído a poco más del 20 por ciento. Porque el mandatario viaja a Europa con una comisión de 300 allegados. Y por tantas cosas más, que sería interminable enumerarlas.

Resulta difícil, pues, hablar de cultura y, sin embargo, lo haré.

Lo haré porque no hay mejor antídoto contra la violencia, tanto contra la que se ejerce directamente sobre los seres humanos, como la que se ejerce a través del aparato de gobierno para saquear al país.

Porque el ejercicio de actividades artísticas y culturales otorga una mayor conciencia a los seres humanos. Los humanizan, al permitir que transformen la realidad y, en esa práctica, se conviertan, ellos mismos, en individuos con mayores posibilidades y una visión más amplia de la vida.

Ya Agustín Yáñez señalaba que la cultura significa mayor calidad de vida. Por eso es importante. Si dos personas ganan el mismo dinero, aquella que desarrolle una de las artes o se aficiones a la lectura, vivirá mejor.

Hemos llegado a este estado porque, gracias al sistema neoliberal, hay sesenta millones de mexicanos en la pobreza y 22 millones que no tienen siquiera para comer. Ahí está el caldo de cultivo para los ejércitos de sicarios.

El sistema neoliberal, ya lo dijo el Papa Francisco, es despiadado y no protege a las personas ni tampoco al medio ambiente en el que viven. Es necesario transformar eso. Y para lograrlo no han bastado las protestas y las marchas; tampoco han servido las revoluciones.

La cultura, en cambio, ha demostrado que quienes recurren a su práctica –en términos generales— modifican su conducta y suelen convertirse mejores ciudadanos; menos violentos con los hijos y la familia, menos agresivos con el entorno y más dispuestos a preservar el medio ambiente y la integración social.

La práctica de las actividades culturales es un camino hacia un mejor mañana; y, sin embargo, el gobierno parece no saberlo. Por eso, los primeros recortes del presupuesto federal son, precisamente, para la cultura.

 

jorge_souza_j@hotmai.com