La Feria

Carmen Peredo alza la voz por los músicos de la OFJ

Los casi 200 concurrentes al acto de entrega de la presea “Alfredo R, Placencia” a la pianista Carmen Peredo interrumpieron su discurso y sostuvieron un largo aplauso en su honor después de escuchar las palabras que acababa de pronunciar. Eran claras y contundentes, y encontraban un eco resonante: “Los músicos de la Orquesta Filarmónica de Jalisco —dijo doña Carmen— merecen ser tratados con dignidad”.  No son cosas. Ellos animaron durante decenios el panorama musical de Guadalajara; ellos sostuvieron la programación amplia y constante de la orquesta. Ellos han sido el alma musical de Guadalajara. Y ahora se les pretende echar en una forma indigna.

Minutos antes, Carmen Peredo había recibido la presea que lleva el nombre de uno de los poetas mayores de México, cuya obra estudió y publicó su esposo, el extinto maestro Ernesto Flores. La ceremonia, ocurrida hace un par de semanas, aún se comenta.

Ignacio Bonilla, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Guadalajara, presidió el acto. Antonio Venzor dio lectura a una larga lista de méritos de la pianista, tanto en el campo del magisterio musical como en el de la promoción y la difusión de la música.

Doña Carmen conoce muy bien a los músicos de la Filarmónica. Ha pertenecido a ese gremio durante toda una vida. Maestra destacada por décadas, fue, durante varios años, directora de música del Departamento de Bellas Artes de Jalisco, antecesor de la Secretaría de Cultura. Su gestión fue ordenada y estricta, pero siempre con gran respeto a la dignidad de los artistas.

Ahora, en cambio, se les trata como si fueran cosas desechables. Un pañuelo, un plato de plástico, un mantelillo de papel. Usar y tirar. Lanzar por la borda no sólo el trabajo, sino la dignidad. Así es la OFJ bajo la batuta de Marco Parisotto, un director que ha preferido colocar a sus músicos allegados en los atriles. La idea es jubilar o despedir a los músicos anteriores, en aras de un proyecto incierto que se mueve hacia la privatización de la orquesta, ya que no hay dinero para ella.

El gobernador Jorge Aristóteles Sandoval debería intervenir y defender a su gente, a los suyos, a los músicos jaliscienses y a los que —sin serlo— han hecho aquí su vida. Que se les trate con respeto.  Para eso es gobernador, para proteger a los jaliscienses. Lamentablemente, no ha sido el único caso en que a los artistas se les ha agredido durante su sexenio.

Por eso no es casualidad que en ese gremio, en el gremio de los creadores, el proyecto electoral adversario haya encontrado su más fuerte filón. Es ahora la oportunidad de recuperar la cercanía del gobierno con los artistas. Los músicos son muchos. Sus carreras han sido largas. Cada uno tiene raíces, familia, amigos que padecen la injusticia de los tratos actuales. El gobernador podría escuchar el llamado de Carmen Peredo y convertirse en ganador ante este grupo que está dirimiendo sus conflictos — que lamentable—  en los tribunales judiciales.

 

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