La Feria

Acercamiento a la poesía

Ni los problemas ni el dolor que la vida distribuyó en el mundo el año que se ha ido, han podido evitar que, con el comienzo del nuevo, renazca la esperanza.

Una vez más, los ojos y el corazón de los hombres se alzan en busca de esa luz que –imaginamos— desciende de la profundidad, para, bien lo sabemos, acariciarnos con esa lengua enorme, tibia y luminosa con la que tantas veces nos ha chiquiado.

Es en ese contexto que ahora, la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega, reinicia hoy el diplomado en Conocimiento de la Poesía que yo imparto. Un diplomado integrado por cuatro módulos trimestrales de los que el primero, que comienza precisamente el día de hoy, permite el acercamiento, desde la apreciación de las formas poéticas, a algunos de los escritos más antiguos de la humanidad.

Algunos de estos textos son el Poema de Gilgamesh, el Ramayana, el Mahabaratha, el Libro de los Muertos y el Génesis, entre otros. En todos ellos está presente una cualidad innegable de la poesía: la posibilidad de permitir al lector abrir una ventana para observar otros universos conceptuales, otros imaginarios posibles, distintos a los que emergen del lenguaje cotidiano.

Las sesiones son los martes de seis de la tarde a ocho de la noche en la Casa de la Cátedra, en Miguel de Cervantes 176, entre La Paz y Lerdo de Tejada y, debo decirlo, son muy disfrutables, porque se acompañan de un power point que permite seguir el estudio de cada texto en una forma sintética y agradable. El diplomado, también debo decirlo aunque sea obvio, yo también lo disfruto.

Me han preguntado en varias ocasiones por qué es gozosa la poesía. Respondo que porque, a través de los poemas, en donde se manifiesta, nos da la oportunidad de reconceptualizar (es decir, de vivir en una forma diferente) alguna forma de la realidad. Por ejemplo el amor. No es lo mismo, no significa lo mismo, decir “Te quiero”, aunque lo comprendamos muy bien, que, como lo dice Paz: “eres la llama del agua/ la gota diáfana de fuego/ derramada sobre mis párpados […]/ No pesan más que el alba nuestros cuerpos/ tendidos.” O como lo dice Sabines: “se ven desnudos y lo saben todo”. Cada frase tiene su propio peso, sus propias connotaciones y construye sus propias inferencias. Cada frase nos permite vivir el amor, acercarnos a él en una forma distinta y a diferentes profundidad.

Más aún, son las palabras las que nos permiten construir nuestra mirada sobre el mundo y, sorpresa, las que nos dan la posibilidad de entendernos a nosotros mismos y realizar nuestra identidad.

Por eso, amigo lector, la poesía es la forma más valiosa de utilizar la lengua para construir nuestras realidades, aprehender nuestro presente y proyectar nuestro futuro, más allá de las paredes del mundo que construye el lenguaje cotidiano.

Por eso, podemos entender las estrellas como “vino celeste”, el mar como “un coloso adormecido” o la soledad como “una sombra dolorosa”. En fin, para eso es la poesía.

Mayores informes sobre este diplomado que hoy comienza, pueden obtenerse en el celular 3314175000.