Articulista invitado

Matrimonio gay en todo el país, la reforma faltante

Haber encabezado una campaña contra la discriminación en el sexenio de Fox y 'salir del clóset' siendo funcionario en el de Calderón, es muestra de que aún en los gobiernos panistas hubo cierta apertura para permitir avances en la materia.

Este 17 de mayo se conmemora el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, la jornada se relaciona con el hecho de que hace 25 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió quitar la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales y simplemente la definió como una variante de la sexualidad humana; la OMS, sin embargo, no hizo lo mismo con la transexualidad, a la que ahora se clasifica como disforia de género.

Hace ya siete años, en agosto de 2008, durante la Conferencia Internacional sobre Sida que se realizó en México, al finalizar mi presentación plenaria, decidí salir del clóset y anunciar ante 6 mil personas y medios de comunicación de todo el mundo que yo era gay y que en 2004 me había casado en Boston con un hombre.

Lo hice por dos razones: para ser congruente conmigo mismo, ya que en 2005, durante el gobierno de Vicente Fox, como director general del Centro Nacional para la Prevención y Control del Sida (Censida), había liderado la primera campaña nacional contra la homofobia, por lo tanto, era absurdo que luchara por esa apertura estando dentro del clóset; segundo, para palpar si con eso lograba un impacto en México; después de todo, aún seguía siendo funcionario federal del gobierno de Calderón.

Tal vez el impacto que esperaba en todo México no lo logré, aunque sí me sorprendí con que mi salida del clóset era de conocimiento internacional, de países distantes recibí múltiples correos y expresiones solidarias e incluso peticiones de consejo y asesoría.

Sin embargo, no haber tenido impacto en todo México no significó no tener impacto en el Distrito Federal, al menos así me lo hizo saber, a finales de 2008, Fernando Ebrard Casaubón, quien había sido mi secretario particular y seguía siendo cercano colaborador mío en el Censida; sobra decir que Fernando era también hermano del entonces jefe de Gobierno del DF.

Al año siguiente, en 2009, David Razú, asambleísta del DF y actual candidato a jefe delegacional por Miguel Hidalgo, estableció contacto conmigo y me comentó sobre la idea de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo en la Ciudad de México, iniciativa que presentaría él mismo y la cual contaría con el apoyo de Marcelo Ebrard. Al igual que muchos otros y otras líderes LGBT consultados, le di mis opiniones e ideas sobre las modificaciones que se pretendían hacer y, por supuesto, le manifesté mi respaldo absoluto.

Finalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo se aprobó en 2009 y se hizo realidad en el DF en 2010, bajo una administración perredista. Cuatro años después, en 2014, el gobierno priista de Coahuila se convirtió en el segunda entidad en aprobarlo y en este 2015 otro gobierno priista, el Estado de México, hizo lo propio. Sin embargo, si se dejan estas iniciativas a ritmo de convencimiento de cada estado, se necesitarán mínimo 30 años más para que sea legal en todo el país.

Nunca he pensado que en México la homofobia tenga patente en partido político alguno, hay homofóbicos en todos y también encontramos personas con mentalidad avanzada en todos ellos. Actualmente 17 países, incluyendo tres latinoamericanos, permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo; la mayoría de los estados en Estados Unidos también lo hacen, es decir, a México, al igual que pasó con la reforma energética, las reformas llegan demasiado atrasadas y pasan muchos años para finalmente enterarnos que el resto del mundo avanza y nuestro país queda rezagado; en este caso nuestro país puede fácilmente aprobar algo que ha demostrado, en países y lugares donde se ha implementado, que el matrimonio entre personas del mismo sexo no perjudica absolutamente a nadie y sí beneficia a muchos.

Haber encabezado una campaña contra la homofobia en el sexenio de vicente Fox y salir del clóset siendo alto funcionario en el de Felipe Calderón, es muestra de que aún en administraciones panistas, etiquetadas como conservadoras, hubo cierta apertura para permitir avances en la materia; por lo que un gobierno de la República, ahora priista, no solo no debería ser un obstáculo, sino proactivo para que una iniciativa de ley general sobre igualdad, similar a la de España, se aprobara antes del fin de sexenio y permitiera derechos iguales y sin discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género.

*Director general del Censida 2003-2009; embajador global en Salud Pública de AIDS Healthcare Foundation.