Cosmovisión

El mejor guerrero del mundo

Cau era un joven valiente y experto espadachín al que nadie vencía en combate. Soñaba con ser el mejor guerrero del mundo y suceder al anciano que ocupaba el puesto de General. El Rey lo apreciaba, pero cuando le contó su sueño, le dijo: Aún tienes mucho que aprender.

Iracundo, abandonó el palacio. Pasó por muchas escuelas y si mejoró en técnica y fuerza, no aprendió nuevos secretos.

Al llegar a la escuela donde estudió el viejo general, le quitaron sus armas: Aquí recibirá otras mejores, en 100 días inicia su entrenamiento. Hizo todo lo posible para adelantarlo, sin conseguirlo, esperó paciente y disfrutó cada día.

Día 101: Ya aprendió a manejar su 1ª arma: La Paciencia, dijo el maestro. Ahora aprenderá a triunfar en cada batalla. Atado de pies y manos a una silla, lo subieron a un pedestal donde decenas de aldeanos subían a golpearlo. Se repitió por días, hasta que entendió que sólo los frenaría acabando con su ira. Les habló hasta convencerlos que no era amenaza, sino amigo. Tan persuasivo fue, que lo liberaron y se ofrecieron a vengarlo.

Día 202: Ya controla el arma más poderosa: La Palabra, lo que no pudo su fuerza ni su espada, lo consiguió su lengua. Viene lo más importante. Enfrentarse a los alumnos. Lucharan todos contra todos y triunfará él que termine en pie.

Desarmados, llamaban a su grupo y trataban influir sobre el resto. Los días pasaban. Debilitado él y su grupo, cambió su estrategia. Renunció a luchar y ayudó a los demás a reponerse. Agradecidos de perder un enemigo y que además les ayudaba, cada vez más se le unían.

Un día Tron y su reducido grupo creyó triunfar. Pero el maestro le dijo: Sólo 1 ha de quedar en pie. Amenazante fue hacia Cau, y éste le dijo: ¿No ves que somos 50 veces más? Ellos darán todo por mí, les he permitido vivir libres y en paz. Dicho esto, el escaso grupo de Tron se pasó del lado de Cau... ¡Había vencido!

De las grandes armas, la Paz es la que más me gusta. Tarde o temprano, todos se ponen de su lado. Dijo el maestro.

Agradeció y volvió a palacio a disculparse con el Rey. Cuando éste lo vio llegar sin escudos ni armas, sonriendo lo saludó: Bienvenido... General. Autor anónimo.

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